Las pantallas y los niños

Agosto es més de Montessori, pues es cuando se celebra su cumpleaños y muchos blogs alrededor del mundo dedican este més para posts diarios sobre el método como una manera de prestar un homenaje a la doctora. Estoy intentando hacerlo desde que empezó el més, hoy ya es 11! Y no logro escribir todos los días porque Izan está de vacaciones y tengo de darle atención pero como hoy él no está, aprovecho para escribir un poco. Si no puedo hacerlo todos los días del més, al menos he intentado hacerlo lo máximo posible.

El tema de hoy es sobre algo que siempre sale en las conversaciones entre círculos montessori y no-montessori: el uso de las pantallas de parte de los niños.

Cuando voy a algún curso montessori, este tema siempre acaba saliendo, y mismo que todo el mundo sepa que el uso de pantallas por niños muy pequeños no es recomendable, siempre, siempre y siempre hay alguien que suelta la perla: “si Maria Montessori estuviera viva ella seguro que utilizaría el Ipad con sus alumnos, es que eso no es de su tiempo.”

Bueno, en mi modesta opinión, digo: no, ella no usaría. Estoy segura de que no. Al menos no entre niños de menos de 6 años de edad. A partir de esa edad a lo mejor (pero sigo dudando mucho). Pero en algunas circunstancias muy especiales, como herramienta de búsqueda de información, por ejemplo… y por muy poco tiempo. ¿Por que? Vamos, diré en este post porqué creo que ella no usaría.

Todo el mundo sabe que el uso de pantallas de parte de niños es prejudicial, seguro que algún día tú habrás leído algo por ahí sobre este tema. Pero, si no has leído, sugiero este enlace. ¿Sabías que Steve Jobs no dejaba Ipads con sus hijos? También sugiero la lectura de este enlace para que sepas más. No es novedad que los famosos de Silicon Valley no refuerzan el uso de pantallas entre sus hijos y prefieren que ellos jueguen mucho y que vayan a colegios estilo montessori y waldorf.

Sin embargo, no soy hipócrita de decir que mi hijo nunca ha usado nuestro Ipad. Claro que sí, no soy tan distinta de la mayoría de madres que a veces se sienten desbordadas y acaban dejando el “juguete del demonio”, como llamo yo, al hijo, para que tenga algunos momentos de paz para limpiar la casa o sencillamente estar un tiempo sin escuchar “mami, mami, mami, mami” a cada dos minutos.  Por eso, te entiendo, sé que a veces no hay como, es imposible dejar de usar esta herramienta, porque es verdad que funciona muy bien como distracción en aquellos momentos que necesitamos un tiempo para nosotras.

Una vez leí en Facebook este texto (en inglés) de como estamos recriminando los jóvenes por usar smartphones y tablets, a punto de una foto de un grupo de estudiantes en un museo utilizando sus móviles haber viralizado y la gente diciendo “vaya esos, en un museo y mirando el móvil!” y la verdad era que ellos estaban buscando información sobre el pintor de la obra que estaban viendo en aquel momento en Google. El autor del texto recordaba que nosotros somos de una generación que ha crecido con pantallas también, de televisor y de consolas, y nuestros cerebros no se han freído por eso. Sí, es verdad, seguimos aquí pero es que en los 80 y mismo en los 90 la infancia no era como es hoy, que tiene mucho, pero mucho más pantallas que juego libre.

La verdad es que el uso de las pantallas (sea de televisor o de tablet) es un señal de los tiempos modernos que vivimos, en que los niños no tienen más amigos para jugar al espacio libre como nuestros padres y abuelos tenían. Vivimos en ciudades grandes, con peligros (de violencia, de accidentes de tráfico…), con jornadas de trabajo inmensas, con la ausencia de una tribu para ayudarnos unas a las otras y es normal que los niños terminen con la canguro electrónica. En mi opinión eso es más una violencia que hacemos contra nuestros niños en esos tiempos de siglo 21, entre tantas otras. Es una represión a más que ejercemos sobre ellos, queramos o no.

Usar la palabra “represión” puede sonar muy fuerte, pero así lo es. Todos nosotros, madres, padres, abuelos, abuelas, tíos, tías, profesores, todos que vivimos con niños acabamos por ejercer represión contra ellos una hora, más tarde o más temprano, de una manera o de otra. En el libro “El Niño, el Secreto de la Infancia” Maria Montessori lo expone a la perfección y hoy, en pleno año 2016, seguimos haciendo lo mismo. Sin querer, de manera inconsciente, pero lo hacemos. Y darle el Ipad para tener unos momentos de paz también es una represión, por más duro que sea leer eso. Porque, mientras el niño está mirando a Youtube o mismo a una app “tan bonita” o “tan inteligente” él está dejando de trabajar con sus manos, de descubrir el mundo por si mismo, de jugar, de manipular. Y como las pantallas son altamente adictivas, el niño pedirá cada vez más y más, a punto de tener un berrinche enorme porque tú tomas de su mano la tablet (porque deseas utilizarla tú o porque te has dado cuenta de que tu hijo debería estar jugando).

Y ahí copio las palabras de Maria Montessori:

“Otro carácter de desviación, que se asocia a la posesión, es el ansia del poder (…)El niño desviado se encuentra frente al adulto, que para él es el ser potente por excelencia, que dispone de todas las cosas. Él comprende cuán grande sería su proprio poder, si le fuera permitido actuar a través del adulto. Y así comienza el niño una campaña de explotación para obtener del adulto, mucho más de lo que podría procurarse por sí mismo (…) Es lógico y natural que un ser débil, incapaz y prisionero, habiendo descubierto aquel talismán maravilloso, que puede obligar a un ser poderoso y libre a procurarle ventajas importantes, procure obtenerlas. Y el niño empieza a imponerse y a querer más allá de los límites que el adulto considera lógicamente justos para el niño (…) El adulto, orgulloso y miserable, siempre es un ser poderoso con relación al niño, y éste comienza en la realidad de la vida aquella acción de explotación, que termina en una lucha, dulce al principio porque el adulto se deja vencer, cediendo por el placer de ver feliz de satisfacción a su niño. Sí, el adulto impedirá al niño que se lave las manos solo, pero le apoyará ciertamente en sus manías de posesión. Pero el niño, después de una primera victoria, buscará otra; y cuanto más concede el adulto, más exigente es el niño (…) En efecto, el adulto en seguida se reconoce culpable, diciendo: ´he viciado a mi hijo´ (…) Pero se sabe que nada puede corregir los caprichos del niño; ninguna reconvención, ningún castigo es eficaz. No, no, el adulto no ha viciado a su hijo cuando ha cedido a sus caprichos, sino cuando le ha impedido vivir, impulsándole hacia las desviaciones”. (Capítulo 37 “El Poder” – “El Niño y el Secreto de la Infancia”)

Para explicar sobre qué es la desviación para Montessori sería necesario un otro post, pero de manera muy resumida, digamos que un niño desviado es aquel que no está normalizado, es decir, es un niño que no ha seguido el camino natural que tenía de haber seguido para su desarrollo. El camino natural sería dejar el niño libre para manosear y aprender a relacionarse con el mundo, como se hace en las escuelas montessori, pero en nuestro mundo moderno eso ha desaparecido. Nosotros “ayudamos” a los niños a hacer de todo, por diversas razones, y así estamos desviándolos, de una manera o de otra, en mayor o en menor medida.

En este trecho encuentro mucho de nuestra sociedad actual con los niños. No solamente con los dispositivos móviles pero en muchísimas cosas, pero ahora estamos hablando de las máquinas. El niño, todavía bebé, no tiene ningún interés por el smartphone de papá o de mamá, pero habrá un día que papá o mamá dejará que lo toque. El niño abrirá los ojos como platos, le encantará aquella cosita con tantas luces, sonidos, movimiento. En poco tiempo sabrá deslizar el dedito en la pantalla (y todavía hay quién diga que los colegios tienen de enseñar los niños a usar tablets… para qué? si son facílimas de usar) y su mamá hará un vídeo y lo colgará en Facebook: “mirad mi niño, que listo es, tan pequeño y ya sabe desbloquear la pantalla”. Será tema de conversación en las comidas familiares, a todos hará gracia. El abuelo dará su smartphone al nieto: “anda, enciende, como has hecho con el de papá”. Y el niño encenderá porque es divertido, y porque ve que los adultos a que tanto ama se ríen y se complacen que él haga eso. Pero luego, el hechizo se hará contra el hechicero, y veremos esos padres en el Vip´s dando de comer a su niño con un smartphone delante de él, sujetado por trípode, enseñando un capítulo de Peppa Pig. “Pero María, como puedes poner Youtube para que tu hijo coma?”, “Ya, Luisa, pero es que si no lo hago, él tiene un berrinche que no veas y no me come nada”. A que te suena?

Y como dice Maria Montessori al final, no es que nosotros enseñamos el niño a ser caprichoso atendiendo a sus caprichos (es decir, dándole el smartphone a cada berrinche). Nosotros le hemos impedido de vivir al presentarle el dichoso aparato. Fue ahí que todo empezó. El adulto impide que su hijo se lave las manos solo, que coma solo, que se mueva solo, que se ensucie con la tierra (todas esas actividades que son de la naturaleza humana) pero no le impide sus manías de posesión, dándole un tablet, un juguete caro, etcétera.

Por eso creo si Maria Montessori estubiera viva ella no defendería el uso de los dispositivos móviles de parte de los niños, porque ellos impiden el pequeño de seguir su desarrollo natural. Es así de sencillo. Otra cosa es cuando ya tienen 6 o 7 años, ya tienen un desarrollo cognitivo distinto, ya saben hacer muchas cosas por sí mismos, ahí sí podrían utilizar las máquinas pero por poco tiempo, siempre dando preferencia al trabajo real y manual.

Para terminar el post enorme, solo quiero contar mi experiencia con Izan. Yo fui esta madre que ha dado su Iphone para que él jugara cuando tenía meses de vida, porque quería saber como reaccionaría. Me he reído de verle, hice un video y colgué en Facebook. También colgué una foto de él sujetando el Ipad cuando Steve Jobs murió como tributo. Muchas amigas mías lo hicieron en aquel día. Tengo diviersas apps instaladas para él, de dibujos, de dinosaurios, incluso apps montessori (que las hay). Siempre he intentado no dejarle mucho tiempo utilizando pantallas, pero el hechizo se hizo contra mí también y es verdad que él no necesita Ipad para comer pero puede tirar horas, mucho más de las dos máximas indicadas, delante del dispositivo mirando videos de juguetes en Youtube. Y cuales son los resultados? Primero, que él pide que se le regale todos los juguetes del video. Segundo, que al jugar con los suyos imita exactamente lo que ve en el video y casi no crea nada de su imaginación. Tercero, tiene pesadillas por la noche y se despierta gritando muchas veces. Cuarto, no quiere trabajar con los materiales montessori muchas veces, no quiere ni siquiera hacer puzzles o pintar con temperas. Su humor es pésimo, se vuelve muy irritado y contesta mal a mí y a mi marido muchas veces.

La solución fue esconder el Ipad. Sé que puede sonar irrespetuoso, sé que la culpa fue mía en dejarle, pero no veo otra solución. He probado negociar una cantidad x de tiempo diario para su uso pero no funcionó. Tuve de ser radical. Y que resultado he obtenido? Tras dos semanas: más tranquilo, más dulce, obediente, duerme mejor, cero pesadillas, ha vuelto a trabajar y a jugar con más imaginación. El efecto es drástico. Y pienso: ” y que haría conmigo si yo dejara también de mirar las redes sociales a cada dos por tres?”. Mucha gente dice: “el secreto está en el equilibrio”. Pero, al que dispositivos se refiere, creo que no hay ningún equilibrio, al menos no entre los menores de seis años.

 

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