Enseñando el desapego

 

Navidades siempre es epoca de practicar el desapego: bien con ropas o con juguetes, es la hora de revisar con qué queremos quedar. Es cuando surgen las campañas para donar juguetes y también, con la llegada de un nuevo año, deshacerse de lo que no es útil más.

De soltera, era muy organizada. Mi habitación estaba siempre impecable. En mi trabajo, entonces como reportera, una compañera decía que tenía de ser secretaria de tan ordenada que tenía mi mesa. La organización siempre me ha dado seguridad y tranquilidad. Pero, al casarme con un hombre tan distinto en esto, cambié. “Ah, no pasa nada dejar los platos en el fregadero una noche”. “Que más da si acumulamos la ropa en una silla para lavar el fin de semana?”

Hasta que una es madre y entonces sí la cosa sale del control. Carrito, trona, minicuna, manta de gateo… y cuando vemos nuestra casa está llena de trastos. Es verdad que con el tiempo, a medida que los niños crecen, la situación mejora (el niño ya no necesita tantas cosas), pero tampoco significa que volvemos a tener la casa que teníamos antes de ser padres. Ahora tenemos juguetes, libros, ropas, zapatos, la mochi de natación (o de fútbol, patinaje, baile ecc)… y si no tenemos cuidado, nuestro hogar se transforma en una lionera.

Montessori nos ha enseñado que el niño vive un periodo sensible del orden. Los periodos sensibles son ventanas de aprendizaje, epocas que los niños viven en que tienen facilitad para desarrollar una capacidad. El periodo del orden es uno de los más bonitos que existen en el niño pequeño, pero es necesario tener un ojo fino para visualizarlo. El periodo del orden es cuando los niños quieren ordenar, por ejemplo, los juguetes de pequeño a mayor o cuando no aceptan que cambiemos algo, que siempre estuvo en un sítio, para otro. Ellos necesitan que todo sea previsible.

Si paramos para pensar, ellos están muy ciertos. El orden mental es muy necesario cuando estamos trabajando y aprendiendo. Si estoy en un ambiente muy desordenado, llego a marearme. Si alguien decide “echarme una mano” para arreglar la cocina, por ejemplo, y guarda todo fora de su lugar me enfado mucho. Los niños no son tan distintos.

Pero es verdad que el momento de separar los juguetes para donar puede ser muy difícil por el apego que tienen. Desde que Izan tenía 3 o 4 años, en esta epoca de Navidades, nos reunimos para separar qué iremos dar a los niños desfavorecidos. Siempre le he explicado la verdad: que hay niños que no tienen tantos juguetes porque sus padres no pueden comprar y debemos donarles aquellos con que ya no jugamos más. Ya fui criticada por eso, pero pienso que a los niños hay que explicarles como el mundo funciona (que existen niños pobres) y que ser solidário es bueno. Llegamos a participar de un trueque de juguetes en nuestra localidad, lo que es una manera estupenda de empezar para que los niños entiendan que dar está bien, y también a crear la consciencia ecológica de que no precisamos tener tantas cosas.

No es fácil, es verdad. De chiquitín Izan se deshacia de sus cosas muy gustosamente, pero ahora con 6 ya le cuesta. Hay muñecos que tiene cariño porque eran objeto de apego, coches que fueron regalos de familiares, dinosaurios que no pueden ser separados “porque sino no puedo jugar a Jurassic Park”.

Este año lo que hicimos fue separar una bolsa con juguetes rotos/ incompletos y luego dos cajas que fueron para la casa de los abuelos con juguetes que siguen siendo suyos (por un año más, solamente) pero que se quedarán allí para cuando vaya pasar el día. No es lo ideal, pero ya libera espacio y él ya se desapega un poco. También llenamos una bolsa con aquellos para donar a instituciones de caridad.

Para separar ropa es mucho más fácil, lo hago yo sola (a Izan no le importa donarlas). A día de hoy Izan tiene mucho menos ropa que cuando era bebé o niño pequeño, los años me han enseñado que la ropa infantil se pierde enseguida y no vale la pena tener mucha, a parte que más prendas en los cajones significa más para lavar y doblar.

Una vez que los juguetes se van, y vemos cajones vacíos otra vez, da un gustazo tremendo. Volvemos a ordenar, guardamos los nuevos. Explico a Izan cómo ahora podemos guardar y ya no perderemos cómo antes, o pisaremos y romperemos. Cómo es bueno encontrar lo que buscamos. Cómo guardar mantiene los juguetes en buen estado.

No os voy a mentir, es un proceso. Hay días que son mejores que otros y que él acepta de manera más o menos fácil. Pero es algo que hay que hacerlo, por educación, por valores. Vuelvo a decir: los niños no son tan distintos de nosotros. Hay cosas que tengo encerradas en un cajón hace diez años porque no me siento lista para deshacerme. Los niños también tienen este derecho. Pero hay que saber ayudarlos ver el equilibrio.

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