Un post sincero de Navidad

Hace mucho que no me gusta la Navidad. No sé cuándo empezó, si fue en el momento que descubrí que Papá Noel no existía porque nunca recibía lo que pedía en mi carta y sí lo que mis padres podían pagar, o si fue cuándo crecí y empecé a ver el mundo con otros ojos. Lo que sí sé es que es muy duro vivir las Navidades lejos de tu familia.

Llevo 13 años en España y nunca pasé las Navidades con mi familia desde que decidí vivir aquí. Fue el precio que pagué por querer estar con el hombre que amo y especialmente, después de formar una familia. Un viaje para Brasil en esta época del año es prohibitiva de tan cara y nunca hemos podido hacerla.

Cuándo Izan nació mis padres estaban en casa para conocer el nieto y ayudarme, cómo es tradición en Brasil (allí las madres siempre están con sus hijas en el momento que ellas son madres). Fue la única vez que pasé las Navidades al menos con mis padres, ya que mis hermanos y sobrinos se quedaron en Brasil, y fue la última vez que dije “feliz Navidad” a mi madre, que murrió seis meses después.

Esas fechas para mí son especialmente duras, por estar lejos de mi padre, hermanos y sobrinos, por no poder más abrazar a mi madre o decirle al teléfono “feliz navidad”, por la sensación de soledad que no puedo negar aunque estoy con muchas personas alrededor que me quieren, como mi marido y mi hijo.

Muchas veces me llegan a mis oídos, andando por la calle o en transporte público, como la gente habla de los expatriados, como si  vivir en otro país fuese una experiencia fácil y placentera. Os puedo garantizar que no lo es. Especialmente en esas fechas, cuando todos están con sus familiares alrededor de una mesa.

Ahora que soy madre intento volcarme en mi hijo y ser feliz por medio de su felicidad, verle como espera los Reyes con ilusión, como le gusta montar el árbol o el portal de Belén. Él me hace recordar quién un día fui y también que ahora tengo mi propria familia, que me necesita feliz y presente en esos momentos también.

Es un esfuerzo, a veces más fácil, otras más difícil, pero siempre lo es. Es muy complicado y solo quién vive una situación igual puede comprender. Pero sé que no puedo cambiar nada, hay que aceptarlo e intentar encontrar el lado dulce de todo.

Con todo ese rollo que he soltado, lo que quiero decir es que aproveche mucho esta noche con los tuyos. Si tienes padre/ madre vivos, les de un fuerte abrazo. Disfruta de tus hijos, de tus hermanos y sobrinos, y recuerda que la Navidad no son regalos, no son cosas; son momentos que guardamos dentro. Viva con intensidad, enseña todo el amor que llevas dentro, permítate vivir las emociones en todos sus límites.

Si conoces a alguien que no es de este país o de esta ciudad, que está lejos de su família, recuerda de darle un abrazo y las gracias por haber cambiado su vida por estar a tu lado, de una manera o de otra. Somos todos polvo de estrellas y estamos aquí por un instante, por eso vivamos este momento con todo el amor que sea posible sentir. ¡Feliz Navidad!