Qué es la Disciplina Positiva

Que tal las vacaciones de invierno? A nosotros bien pero pasaron demasiado rápido y no hemos podido hacer todo que teníamos planeado. Pero lo que importa es que estábamos juntos y celebramos las fiestas en familia! En la fanpage del blog publiqué una encuesta preguntando cual tema los seguidores querían leer como el primer post de 2018 y ganó la disciplina positiva! Así que aquí vamos!

Cómo sabéis, en noviembre me formé como educadora de Disciplina Positiva para familias con Marisa Moya, fue una experiencia muy bonita y ahora estoy preparandóme para dar charlas presenciales en Madrid para madres y padres interesados en este tema. En breve informaré más detalles pero por ahora quiero empezar 2018 con un post muy, muy introductorio, para después ser seguido por otros abordando temas más específicos.

Por eso empiezo explicando qué es la Disciplina Positiva. Una pregunta fácil y difícil de contestar a la vez porque la Disciplina Positiva, o DP, como también se denomina, son muchas cosas, la verdad, aunque son fáciles – o al menos deberían ser, aunque muchas veces no son por el ritmo que llevamos.

La Disciplina Positiva es una filosofía de vida y también una serie de herramientas para ayudar a relacionarnos con respeto mutuo. Vale para hombres y mujeres, independiente de clase social, nacionalidad, edad ecc. Ahora está muy popular con la crianza de los niños, pero también vale para adolescentes, para parejas y otros colectivos. Ya que Nuestros Momentos Montessori es un blog para familias con hijos a partir de 6 años, voy a hablar más a este grupo, pero, como he dicho, vale para todas las edades.

Muchos piensan que la DP enseña a criar los niños y niñas sin premios y castigos, sin violencia física y verbal, sin sobornos. Y lo es, pero es mucho más que eso, es una manera de ver el niño como un ser capaz y digno de respeto y confianza como cualquiera. Es una manera de relacionarnos con este niño, de igual para igual, sin luchas de poder.

La DP da una serie de herramientas para comprender a este niño y a su comportamiento pero también – y creo que es lo más bonito de esto – para comprender a nosotros mismos. Primero, como madres y padres. Segundo, como adultos. Y tercero, como el niño, o la niña, que todavía existe dentro de cada uno de nosotros.

Gracias a la DP entendemos porque reaccionamos como reaccionamos, porque nuestros padres, profesores, abuelos y todos los adultos que conocimos se comportaban cómo se comportaban, y cómo todas esas experiencias y relaciones llegaron a formar al adulto que hoy somos. Cuándo llegamos a este punto entonces perdonamos (o no) al adulto que nos hirió y concluimos, a veces, cuánto de ellos tenemos. Y es cuándo hacemos la pregunta: es este adulto que quiero ser para mi hijo, mi hija, mi alumno, mi paciente, para el niño con quién vivo?

Es una preparación interna muy profunda que no se termina en un día, dos, siete o en 365. Es un proceso para la vida toda. Es lo que Maria Montessori llamaba Adulto Preparado. Es mirar hacia dentro de si y aprender a perdonarte y a ser vulnerable.

Es tener la humildad de dejar que un niño te enseñe quién eres. Es un cambio de papeles, donde muchas veces el padre es el niño y el niño es el padre. Es ver a ti mismo en tu hijo, es ver el hombre o a la mujer que se convertirá. Es amor.

Es dar libertad con responsabilidad, no es “dejar hacer lo que le da la gana”. No, porque en Disciplina Positiva hay firmeza. Es necesario saber mirar a los ojos de tu hijo y decirle: te quiero y te digo que no.

No hay tiranía, no hay abuso de poder, no hay el “porque digo yo”. Hay diálogo, respeto mutuo, confianza. Es decir a tu hijo: creo en ti, sé que eres capaz, y que podemos encontrar una solución juntos.

La DP no es una varita mágica que soluciona todos los problemas en un “plis plas”, no es una receta de bizcocho para tener hijos obedientes y felices, no es una píldora que la tragas y todo está cómo tú quieras. No. Es un trabajo. Es un trabajo a veces más fácil, a veces más difícil, pero que muchas veces tarda mucho en ver los beneficios. Pero vale la pena. Siempre vale la pena transmitir con amor y respeto.

Pedirá paciencia de ti, Adulto, pero no solamente que la tengas con tu niño, pero que tengas contigo mismo. Porque muchas veces te cuestionarás: pero por que hago esto? Pero por que me sale así tan automático? Tendrás que aprender a lidiar con la culpa, la vergüenza, las creencias que llevas años cargando.

Es un aprendizaje. Puede que no sea rápido, puede que no sea fácil, puede que te cueste mucho. Pero vale la pena.