Soy un niño y necesito pertenecer

Esta es la máxima de la Disciplina Positiva. Todos los niños tienen la necesidad de pertenecer. También los adolescentes, y los adultos. Es parte del ser humano la necesidad de pertenecer a un grupo, sentirse importante y amado, ser llevado en cuenta. ¿Alguna vez te ha pasado de estar en la escuela, o en un curso, o en el trabajo, y tener la sensación de ser invisible, que nadie se importa ni lo más mínimo contigo? Es muy posible que sí, porque este es el mal del siglo XXI: estamos caminando hacia la desumanización.

Pero no es sobre eso que quiero hablar. Hoy, no. Volvamos a la sensación que has tenido en aquella experiencia. ¿Cómo te sentisteis? Supongo que mal, de que no eras importante para nada, que estabas restando allí. Conmigo ya ha pasado y es horrible.

Con los niños esa sensación también existe y ella empieza muy temprano en sus vidas. Siempre que nos desconectamos de ellos, por la razón que sea, ellos se sienten que no son importantes. Y surge este sentimiento: la necesidad de pertenecer. Cuando somos adultos, podemos levantarnos e ir a casa, si no nos sentimos bien en una fiesta. Pero los niños no tienen esa opción. Y es cuando surgen los llamados “malos comportamientos”, que para la Disciplina Positiva son, las Metas Erróneas. Pero tampoco hablaré sobre eso hoy.

Nuestros hijos, sobrinos, nietos, alumnos, pacientes, están siempre buscando pertenecer. No quieren “llamar la atención”. Quieren pertenecer. Quieren saber que son importantes, que son llevados en cuenta dentro de aquel grupo. Una vez que comprendemos eso, todo es más fácil. Pero también es un desafío, porque nosotros también tenemos nuestros proprios problemas, nuestras frustraciones. Puede ser el jefe que está cobrando un plazo, el cliente que no nos paga, las facturas que están difíciles de pagar, y un largo etcétera. Nos sentimos abrumados, presionados, estresados. Y tenemos en casa un pequeño que pide “estoy aquí, mírame, juega conmigo”.

A veces es complicado atenderlo, estamos tan inmersos en nuestros problemas y en nuestros sentimientos de miedo, rabia, preocupaciones, que no podemos. Somos seres humanos, y explotamos. Y es cuando ocurre la desconexión. Es muy difícil evitarla, yo diría que es incluso imposible, ella va a ocurrir. Lo único que podemos hacer es aceptarla y seguir adelante, haciendo con que no crezca. Porque cuando la desconexión crece, y eso vale para niños de 2 años, para de 7, para de 15, para adultos de 30 – cuando la desconexión crece lo único que ocurre es el resentimiento, la rabia, la culpa, la vergüenza. No hay nada constructivo.

Estoy leyendo un libro increíble que indico a todo el mundo, de la misma manera que un amigo me ha indicado – El poder de ser vulnerable, de Brené Brown. Brené Brown es una estudiosa de la vulnerabilidad, puedes encontrarla en Youtube en su charla de TED. Ella tiene más libros pero ahora mismo estoy leyendo éste, que es como Disciplina Positiva para adultos, yo diría, y también es material para enriquecer el Adulto Preparado.

En un capítulo en que Brené habla sobre como la vergüenza está instituida en nuestra sociedad, y cómo ella puede acabar con un grupo (alumnos que tienen su creatividad anulada por profesores que no la valoran, padres y madres que avergüenzan sus hijos con la disculpa de “educarlos para el mundo”, jefes que usan de estrategias desumanas para “estimular” los subordinados y aumentar la producción), ella comenta algo muy interesante:

“La vergüenza sólo puede medrar en un sistema antes de que las personas se desconecten para protegerse. Cuando estamos desconectados, no damos la cara, no contribuimos y las cosas dejan de importarnos. En un extremo del espectro, la desconexión permite a las personas justificar todo tipo de conductas poco éticas, entre las que se incluyen mentir, robar y estafar.”

¿Qué ocurre cuando dejamos el niño pertenecer? Que le enseñamos que la vulnerabilidad está bien. No es solo sentirse amado e importante, que también, pero estamos dando una lección de vida que le acompañará para siempre, especialmente en su vida adulta: ser vulnerable permite arriesgar, permite dar la cara, permite ser nosotros mismos, permite enseñar nuestra creatividad – que quizás puede cambiar el mundo. Pense en, por ejemplo, Steve Jobs. Él no tuvo miedo de enseñar su invento, la empresa Apple, cuando era todavía un chico. Una empresa que empezó en el garaje de su casa. Pensa en un artista, en un inventor, en cualquiera que se ha destacado por su creatividad o su ingenio. Eran personas que asumieron su vulnerabilidad.

Y todo eso empieza con esta frase que nuestros hijos, alumnos y pacientes nos dicen, aunque en silencio: soy un niño y solo quiero pertenecer. Cabe a nosotros, adultos, reconocerlo y darles voz. Primero, con la comprensión, el cariño, la escucha activa. Luego, empoderando a esos niños.

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Espero que te haya gustado este post. ¿Alguna vez te sentiste estacad@ por la vergüenza? Espero tu experiencia en los comentarios. Si crees que este post puede ser interesante a tus amigos, no te olvides de compartirlo en tus redes sociales.

Recuerdo que Nuestros Momentos Montessori está de sorteo, mañana sorteamos el puzzle de las partes del árbol de Jaisa Educativos. Todavia estás en tiempo para participar!

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