Qué hacer cuándo mi hijo no quiere presentaciones

Sí, eso ocurre, con todas las familias. Puede que lleve poco o mucho tiempo con Montessori en casa, siempre habrá un día que tu hijo/hija dirá “mami, no quiero hacer Montessori”. Es normal, no te sientas frustrada (¡que facil es decirlo!), porque con todos los niños les pasa. Aquí veremos porqué eso ocurre y que podemos hacer en esa situación.

El hecho de que el niño/niña rechace presentaciones no significa necesariamente que no le gusta las actividades Montessori. Puede ser muchos factores, como por ejemplo:

Puede que esté cansado – ha dormido bien por la noche? ha tenido un día largo en el cole, con muchas extra escolares o clases que les cuesta más? También es posible que esté demasiado estimulado (o poco), aburrido…

Fallo en el ambiente – recuerda siempre que el ambiente preparado es vivo, que sufre varias transformaciones al largo del crecimiento del niño. Si su ambiente está todavía igual a cuando tenía 3, 4 o 5 años, es muy posible que ahora a los 6, 7 o 8 años no le atraya más. Es necesario hacer una mirada crítica para intentar ver lo que está fallando.

La presentación llega tarde – es muy común eso ocurrir, a veces acreditamos que es el momento para presentar el material X que estuvimos mucho tiempo adiando y bien cuando pensamos “es hoy el día”, el niño lo ve y dice “no”. Ya ha pasado su momento y ha perdido el interés. O a lo mejor es que todavía es muy temprano para esa presentación y no está preparado, también es posible.

La manera de presentar no es seductora lo suficiente – aprender a seducir con una presentación es difícil, a mí me cuesta mucho, lo confieso. Tengo una profunda admiración por guías que saben atraer a los niños, es algo que solamente con mucha práctica y observación una puede adquirir.

¿Cuales son las soluciones? No hay una receta, no es una regla exacta. Cada niño es un mundo, pero quizás esas recomendaciones pueden ser útiles:

Nunca castigue al niño – en Montessori no hay espacio para castigos, es considerado una falta de respeto hacia al niño. Lo mejor es reaccionar con gracia y cortesía, diciendo un sencillo “ah, de acuerdo, no hay problema”, en voz baja y con tranquilidad. Ya habrá otro momento para probarlo.

Observa el ambiente – cómo están dispuestos los muebles? Son demasiado altos o demasiado bajos para el niño? La iluminación está adecuada? Hay muchos objetos/ juguetes? Los materiales son adecuados a su edad? Están en buen estado?

Observa al niño – la observación es la clave en Montessori, a veces nos olvidamos de hacerla y hay que retomarla. Si no sabes cómo, en este post escribí sobre.

Observa a ti misma estás cansada? Bien dispuesta? Estresada? Con la mente despejada? Como está el clima hoy, demasiado calor/ frio? Como te sientes por dentro? Será que estás de verdad lo tranquila suficiente para dar esa presentación? Será que no necesitas un tiempo para ti, sin obligaciones, para relajar y estar sola contigo misma? Será que no estás exigiendo demasiado de ti misma o de tu niño? Será que de verdad conoces esa presentación? Será que no sería interesante repasar alguno de los libros de Maria Montessori? Volver a leer a la doctora es milagroso, créeme.

Aparta pantallas – OK, es difícil hacerlo en los días de hoy y más cuando los niños ya tienen 6 años o más. Para mí está difícil porque ya no basta con esconder la tablet, Izan coge a los móviles o enciende al ordenador y entra en Youtube solito. A medida que crecen aumenta el tiempo de exposición a las pantallas y su interés (ahora mi hijo quiere ver vídeos de youtubers, ya no le interesa las apps de dibujos), a parte que las pantallas están por todos los lados, incluso en el colegio. Pero todavía sigue siendo importante que no estén mucho tiempo expuestos a ellas porque es verdad que se sobreestimulan y el interés por hacer otras cosas (no hace falta que sea Montessori, puede ser dibujar, leer un libro…) se pierde. Al menos, es la experiencia que tengo en casa, y que muchas amigas me cuentan que les pasa también con sus hijos e hijas. Los expertos dicen que después de los 6 años los niños pueden estar, como mucho, dos horas al día delante de las pantallas. Eso incluye TV, tablet, consolas, todo que lleve una pantalla.

Pasar tiempo al aire libre un paseo por el campo, la playa, el parque, el jardín de la urbanización que sea! Un paseo al aire libre puede hacer milagros para los niños (así como releer los libros de Maria Montessori para nosotras). Dejále que corra, que trepe, que se ensucie, que busque tesoros.

Leer – puede ser un libro, un cómic, una revista… contigo o sin ti. Pero que sean buenas lecturas, y sin libros electrónicos de por medio, de preferencia.

Abraza a tu niño – abrázale, bésale, dile que lo quieres, dejále mensajitos escondidos en sus cosas con cosas bonitas, mensajitos de aliento. Todos los días, varias veces al día, siempre. Mismo si él te diga: “para, mamá, que pesada eres”.

Enseñále actividades de vida práctica – la vida práctica no acaba después de los 6 años, y tampoco después de los 12, es para toda la vida. Claro que ahora ya no querrá hacer trasvases, pero sí puede interesarle utilizar la aspiradora, la lavadora, a planchar la ropa si todavía no sabe. Vida práctica no es solo preparar el niño para el día que viva solo en su casa, es todo un ejercicio para la miente, es puro mindfulness.

Escribir una carta – si tienes familiares en otro país u otra ciudad, o mismo para su amiguito que vive en otro barrio; escribir una carta a la moda antigua, con papel y lápiz, no es solo una actividad de escritura, es también de gracia y cortesía.

Apaga esa pantalla – ya te lo dije antes, y hablo en serio! 😉

Anímale a ganar autonomía e independencia – si todavía no sabe atar las zapatillas, es la hora. O a bañarse solo. O quizás a preparar la mochila del colegio. Observa cómo puedes ayudarlo a ser más autónomo, si de verdad él o ella ya hace todo por si solo o si todavía le ayudas en algo. A veces no nos damos cuenta de tan incorporado que tenemos en nuestra rutina. Y cuando ella o él lo logre hacerlo, no olvides de decirle: “sabía que lo podías! Lo lograste!”

Planta algo – puede ser un huerto grande, mediano, pequeño, mini o micro, o mismo colocar una pequeña judía en un algodón mojado en el fondo de un vasito. Acompañar la evolución de la naturaleza siempre es un espectáculo que encanta a niños y a adultos.

Abrázale otra vez – dále otro abrazo, otro beso, otro achuchón, esconde otro mensajito de “te quiero mucho” en su tartera del cole.

Escucha a tu niño – la mayor parte de las veces que los niños nos hablan, estamos ocupados con el móvil, hablando con otro adulto, con Netflix, con nuestras preocupaciones. Escúchale. Aunque te parezca una tontería lo que él tiene a decirte, para él no lo es. Escucha de verdad, mirándole a los ojos, con atención. Observa cómo te mira. Observa el tono de su voz. Un día, esa voz cantarina desaparecerá. Observa sus dientes que están cambiando, que graciosos están. Observa como gesticula, como mueve los brazos, o no los mueve, quizás. Y delicíate con sus palabras. En el segundo plano de desarrollo es cuando los niños dicen las cosas más bonitas y filosóficas. Tal vez sea buena idea apuntar lo que le ocurra en un cuadernito especial para enseñarle dentro de algunos años.

 

Y, una vez que tengas todo eso atendido, sabrás si de verdad él o ella rechaza la presentación porque ya no le interesa o porque no está preparad@ para ella. Quizás te diga: “no, mamá, no quiero presentaciones ahora, estoy leyendo un libro muy bueno y no quiero parar”. O mejor aun: él o ella vendrá hacia ti para pedirte una presentación.