Ayudando a tu hijo que no quiere leer

Siempre fui una devoradora de libros. Es más, cuando tenía 4 años, imploraba a mi madre para entrar a la escuela solo porque quería aprender a leer. Estaba cansada de pedir a mis hermanos mayores o a mis padres que leyeran para mí, quería yo misma leer, y cuando por fin aprendí a hacerlo, a los 7 años de edad, fue como conseguir un superpoder. Y nunca más paré de leer. Con 8 años ya leía libros de capítulos, con 10 lei “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll (el original), con 11 ya leía libros de Agatha Christie, con 15 ya leía Kafka. Siempre fui una gran lectora, tanto que me formé en Periodismo y me encanta escribir.

Así que podéis imaginar el chasco que tuve cuando Izan empezó a tener problemas de lectoescritura. Problemas esos que acarrearon en su dificultad para leer y para disfrutar de la lectura. No entendía porqué eso pasaba, pues desde que estaba embarazada leía para Izan. De bebé le leía libros para su edad, en español, inglés y en portugués. Con 4 añitos él pisó una biblioteca por la primera vez, llevado de mi mano, claro. Teníamos un rincón de lectura y libros buenos y bonitos en todas las partes. Pero él no quería leer.

Nada me quita de la cabeza que fue el colegio que le hizo tener chirría a los libros, pues siempre le han exigido mucho que leyera como los demás niños (algunos casi un año mayores que él ya que Izan es de diciembre), contando cuantas palabras leía por minuto y con carreras de lectura (los mejores lectores entraban en un ranking similar a los ganadores de Formula 1 que se colgaba en la pared de la clase). Primero de Primaria fue una época muy dura para nosotros, a veces creo que sufrí hasta más que él.

Al final utilizamos los servicios de una logopeda privada y es posible que este año Izan sea evaluado para saber si tiene dislexia, pero a día de hoy puedo deciros que él está muchísimo mejor, que lee muy bien (a pesar que en su colegio dicen que él va con un año de retraso y no lee como un alumno de tercero de primaria), silabea todavía pero es respetado, y que ahora – por fín! – le gusta leer. Ya me pide libros de regalo como quien pide cromos o juguetes, lo que para mí es una alegría tremenda, ya los coge con cariño y se sienta una silla a leer por libre y espontánea voluntad como todos los demás. Pero sí, el camino fue largo y duro.

Espero con este post ayudar a más familias que estén pasado por la misma situación, que no deseo a nadie, porque es un estrese enorme. Escuché muchas veces lo de “no te preocupes, ya leerá”, “es su ritmo, pero luego estará como los demás”, que sé que te lo dicen con las mejores intenciones pero la verdad es que no ayudan en nada. Porque lo que tienes en este momento es un niño con unas grandes dificultades y que está siendo presionado y que tú, como madre o padre tienes de verlo y no puedes hacer nada (o muy poco). Lo que quieres es que dejen a tu hijo en paz de una vez y que sea el niño que es.

Pero no es así, y si lo que quieres es que el profesor de un poco de paz a tu hijo, lo que tendrás de hacer es ayudarlo, como sea. Por eso escribo este post.

Lo primero que quiero recomendar es que si tiene dudas si tu niño o tu niña tiene dislexia, que busque un logopeda lo más pronto posible. En el Colegio de Logopedas puedes buscar un profesional cerca de tu casa (en el caso de Madrid). Hablar con uno siempre está bien al menos para informarse, conocer el trabajo y pedir ayuda. A veces el niño tiene dislexia pero la ayuda de un logopeda vale oro, os aseguro, y si alguno está leyendo este post te mando mi abrazo y muchas gracias por realizar un labor tan importante.

Ahora comento lo que hicimos en casa, que sé que puede no funcionar para tu hijo o tu hija ya que cada niño es un mundo, pero quizás te de alguna luz, al menos con la cuestión de la lectura, ya que les exige tanto.

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Visitar la biblioteca como quién no quiere nada… algunas veces decía a Izan: “vamos a la biblioteca?” y él decía que no, ya sabiendo que tendría de llevar un libro y leer, que era su tortura. Pero le decía “no, es que estoy buscando un libro para mí, y me gustaría que me hicieras compañía, si luego tú quieres llevarte algo, lo llevamos, si no, no pasa nada”. Y así hacíamos, me dirigía a la estantería de los libros infantiles de no ficción y decía que buscaba algo para el blog, pero al final él mismo cogía un libro (y dos, y tres), se sentaba en el suelo y empezaba a hojear. Era entonces que pensaba: “a él le gustan los libros”. Y no le forzaba a nada, me sentaba, miraba otra cosa… y le dejaba a su aire. Hasta que él se levantaba con el libro en las manos y me decía “mami, quiero llevarme este.”

Y sí, llevaba el libro que él me pedía, aunque fuese un libro que no me gustaba. Es muy importante respetar el gusto de nuestros hijos en este momento. A Izan le gustaba mucho los libros de Disney, que a mi no me van para nada, pero lo que yo quería era que él leyera, así que llevábamos el libro y lo leíamos antes de dormir.

Es muy importante la lectura en voz alta pero no es solo el niño que tiene de leer, el adulto también. Leer para tu hijo es algo que nunca debería acabar, ni cuando él tenga 15 años y ya sepa leer perfectamente. Escuchar a alguien que te lee un libro es un placer, es una manera de cariño, de darle atención, de demostrar que es importante. Además, cuando nosotros estamos leyendo a nuestro hijo, también interpretamos, colocamos emoción en la voz, y así él acaba comprendiendo la función de los puntos de interrogación y de exclamación, y surgen preguntas sobre el significado de palabras. Cuando un niño escucha a su madre o a su padre leyendo, no está solo pendiente de la historia en si pero cómo lo hace, y eso es una experiencia que queda grabado en la memoria. A veces me pillo a mí misma leyendo a Izan como mi hermana leía para mi.

En ocasiones le presentaba los libros que me gustaban, pero sin forzarle a leer, solo cómo quién enseña algo que es muy valioso a alguien. “Mira que bonito este libro”, le decía. Y él lo miraba, a veces también le gustaba, a veces no. Es importante ser muy discreto. Él o ella no puede pensar que quiere convencerle de algo. Después, tú guardas el libro en su estantería y olvidalo. Cuando menos te lo esperas, pillarás tu niño o tu niña con el libro en manos. Es un momento mágico.

Si tienes un perro, un gato, o si hay un hermanito o un primo pequeño, es muy interesante invitar al niño que lea para él. Hacer el niño mayor sentirse importante es muy bueno para incentivarlo a leer. “Por que no lees a tu hermano? Eres el hermano mayor, seguro que le gustará mucho”. Maria Montessori había comprobado el éxito de mezclar niños de edades distintas en un mismo ambiente y si tienes la suerte de tener más hijos, aprovecha en su favor. Nosotros como no tenemos más niños, tiramos de perro. Izan leyó algunas veces para Pancho cuando este estaba vivo. Es muy bonito verlo. Y es un gran incentivo a leer.

Ofrezca lecturas proprias para su nivel de lectura aunque sean indicadas para niños mucho más jóvenes que él. Este fue un consejo de su logopeda y es verdad que es mucho mejor dar un libro con pocas frases y palabras fáciles que otro con periodos super largos y gran vocabulario, aunque sean los indicados para su edad. Izan llevó un buen rato leyendo albunes ilustrados para niños de 2 o 3 años cuando tenía 6 o 7 años. Hoy tiene casi 8 y ya lee la serie azul de la colección Barco a Vapor. Todo llega.

Ofrezca cómics. No podemos tener prejuicios contra los cómics. Son literatura tanto cuanto los libros, y ayudan muchísimo a los niños que no quieren leer. Al ser una lectura fácil, con humor, con muchos dibujos, con temas que a todos los niños les gusta, al tener un ritmo similar a los dibujos animados, llama muchísimo la atención y son la mejor ayuda para los primeros lectores. Aquí somos fans del Superpatata (muchísimas gracias Pekeleke !)del Capitán Calzoncillos, que es una mezcla de novela con cómic y tiene un humor genial. Es importante recordar que su autor, Dav Pilkey, fue un niño que sufrió mucho en el colegio porque era disléxico y tenía TDAH y su refugio eran los cómics que dibujaba cuando estaba de castigo. Dav sabe exactamente cómo dirigirse a esos niños, también tengo mucho que agradecerle.

Utilice los juegos de mesa. Mi prima me comentó una vez que su hijo empezó a leer con más soltura cuando descubrió el Monopoly. Y así que también probamos con el mismo juego con Izan. Y sí, ayudó muchísimo, ya que el jugador tiene que leer las tarjetas de la suerte y los nombres de los inmuebles que tiene de comprar. La verdad es que Monopoly es un juego muy completo, también ayuda en matemáticas, pero si a ti te resulta muy cansino hay otras opciones en el mercado. Mi marido recordó uno de su infancia que a Izan le chifló, En Busca del Imperio Cobra, que también utiliza tarjetas. Son mis dos sugerencias, no somos expertos en juegos de mesa pero seguro que encontrarás muchas ideas en blogs especializados.

Y mi último consejo es… respira, relaja, juega con tu hijo, todo vendrá. Sí, ya sé que dije en el principio de este post que cuando me decían algo así me dejaba aun más nerviosa pero al final, es verdad que si estamos tensas, angustiadas, si nos enfadamos, si discutimos con el profe, con el padre, con el niño… tampoco ayuda. Pasar por una experiencia así es tan estresante para nosotras como para ellos, por un lado tenemos miedo que “pueda pasarle algo”, o que “el profesor le haga la vida imposible”, o “que sufrirá bullying de los compañeros”, tantos miedos que escuchamos dentro de nuestras cabezas. Tenemos de controlar a nosotras mismas. Seguí aquel viejo consejo de “si tú lees ellos leen” y me sentaba delante de Izan con un libro en las manos, y la verdad que él pasaba de largo pero al menos ayudó a mí misma, me relajé,volví a desfrutar de la lectura, dejé las redes sociales un poco y hasta escribí más en el blog! 😉 El famoso tiempo para nosotras mismas, el autocuidado, que es tan importante para seguir ayudando a nuestros hijos.

Bueno, aquí dejo este post. Espero de verdad que mis consejos ayuden a alguna familia que esté pasando por lo mismo que me tocó hace dos años, porque sé lo cuanto es difícil. Si eres tú, te mando un abrazo fuerte con mucho cariño y mucha fuerza! Esta es más una de las muchas dificultades que vivimos en esta aventura de ser madres (o padres). Pero pasa. Os aseguro. Así como un día ellos aprenderán a andar, a comer solos, a cambiarse solos… todo pasa, y eso también pasará. Y si necesitas ayuda de un logopeda, no lo hesites. Ojalá encuentres un profesional tan dedicado, amoroso y genial como tocó a nosotros.