¿Qué es la mala conducta?

Qué es la mala conducta en los niños? Por que tanto nos afecta? Por que hay tantas entradas en internet dando consejos a los padres en el estilo de “qué hacer si mi hijo miente”, “qué hacer si mi hijo roba”, “qué hacer si mi hijo pega”. Inténtalo, haz una prueba. Escribe: “qué hacer si mi hijo… (aquí tú rellenas con el comportamiento que quieras)” en Google. Verás cómo lloverán enlaces, muchos de webs de educación, a  veces blogs, entrevistas con expertos a algún periódico…

En tiempos de información como la que vivimos, parece que todo que un niño hace es una “enfermedad”, un “defecto”, algo a corregir. Los niños, esos seres imperfectos, que necesitan al adulto para entrar en el camino correcto! Encontrarás en Google tu respuesta, como hacía la sacerdotisa de las tragedias griegas. Hay consejos de todos los tipos, respetuosos y no respetuosos, para todas las clases de padres.

Si vas a una charla para familias en el colegio de tu hijo (en el nuestro las hay, al menos), estará una persona, que puede ser uno de los profesores o algún invitado que te enseñará una larga presentación de powerpoint que quizás él o ella ha invertido horas en preparar, y dirás consejos a los oyentes, consejos que pueden ser buenos o malos, claro, dependiendo del estilo de crianza de quién lo escucha.

También proliferan en internet los talleres para ayudar a madres y a padres  a crear a sus hijos. El coaching para padres es todo un éxito (esto no es una crítica, es solo una constatación). Libros y más libros en las librerías de cómo controlar y corregir la mala conducta de los niños. Cómo transformar “diablillos” en “angelitos”, en algunos casos. Creo que nunca se ha escuchado tanto sobre como ser “madres y padres perfectos” para crear a “niños que se comportan mal” para transformarlos en “adultos de bien”.

Pero ¿que son “madres y padres perfectos”? ¿Que son “diablillos”? ¿Que es comportarse bien, comportarse mal?

Para la Disciplina Positiva, un niño que se comporta mal es un niño desalentado. Es un niño que le falta aliento, que le falta que su adulto (aquí puede ser la madre, el padre, el profesor, el abuelo, la tía, el profesional de infancia) lo estimule. Y cómo se estimula a un niño, de acuerdo con la Disciplina Positiva? Pues hablando con él, de una manera horizontal, es decir, entre iguales, no de mayor a menor, de superior a inferior. Un ejemplo: supongamos que nuestro niño está jugando con algo, que está muy concentrado y no desea parar de hacerlo. Pero resulta que es necesario parar porque es hora de irse a casa. Pedimos al niño para terminar lo que está haciendo, porque es hora de irse ya, que es hora de cenar, por ejemplo. El niño se niega y se enfada, quizás grite, agite todo su cuerpo, cierre las manos en puños, cierre los ojos, tire a lo lejos los juguetes que estaba utilizando hasta hace pocos minutos con tanto esmero. Bueno, ahí está, estarás pensando. Esta es la mala conducta, el niño está teniendo una rabieta. Rabieta, palabra horrible que la odio con todas mis fuerzas y que debería ser quitada del diccionario. Pero bueno, sigamos con la explicación.

Primero tenemos que preguntarnos: que edad tiene el niño? En que etapa evolutiva está ahora mismo? Si está alrededor de los 2 años, está en la etapa del deseo de independencia, de conquistar el mundo, de tenerlo entre sus manos. El momento de juego es un momento en que el niño tiene el mundo entre sus manos. Cuando su adulto le dice “déjalo que tenemos de ir a casa”, está pidiéndole para que abandone aquello que acaba de descubrir, muchas veces, por si mismo. Es como pedir a un astronauta que acaba de pisar en Marte: “bueno, ya lo pisaste; ahora anda, para dentro, que es hora de cenar, y la Tierra está a 56 millones de kilómetros de aquí.” Es lo mismo. Para el niño, es exactamente lo mismo.

Si es un niño algo mayor, quizás con 4 o 5 años, o incluso más, es posible que él no responderá tirando los juguetes y agitando todo su cuerpo, pero sí te puede contestar con una palabrota, una mirada desafiante o una respuesta del estilo: “pues vete tú, yo no tengo hambre”. Es un niño que ya está en otra etapa evolutiva y su cerebro no es igual al del niño de 2 años, ya domina el lenguaje. Pero sus ganas de seguir jugando serán tan grandes cuanto al del pequeño.

El adulto que siga la Disciplina Positiva hablará con este niño, sin gritar, a su altura, con amabilidad y firmeza a la vez: “Veo que estás pasando muy bien jugando con eso que es tan interesante, que hasta has construido esto que parece ser increíble. A mí tampoco me gusta ser interrumpida cuando estoy haciendo algo que me da placer. Pero es la hora de ir porque tenemos de cenar, hay un largo camino hasta casa y además mañana por la mañana tienes cole.  Es necesario, es hora de ir.” Si este niño ya lleva una educación de respeto, si es escuchado, si es llevado en cuenta, si participa de la familia como uno más, si sus padres tienen el habito de dialogar con él, de demostrar atención a cuando él les enseña algo o cuenta algo, este niño obedecerá.

En la Disciplina Positiva, no hay niños que se comportan mal. Hay niños desalentados, y nunca se debe hacerlos sentirse mal para portarse bien (es decir, gritarles, insultarles, castigarles o pegarles con la intención de que así el niño hará lo que queremos). A veces, puede ocurrir que los niños se comporten de acuerdo con las cuatro metas equivocadas de Dreikurs, que son: la atención, la deficiencia asumida, el poder y la venganza. Son metas que ocurren a nivel inconsciente, a partir de la necesidad de que todos los seres humanos tenemos de sentirnos parte del grupo (la familia, la escuela etc).

En el caso de la atención, son niños que creen que solo son llevados en cuenta cuando los adultos les dan atención. Son niños que están siempre reclamando la atención de sus padres/ profesores, por ejemplo cuando están hablando al teléfono, trabajando en casa, charlando con una amiga. El niño cree que solo pertenece si el adulto le presta atención.

Es fácil de confundir con la deficiencia asumida. Son niños que desisten fácil, que dicen siempre “no puedo hacerlo”, porque creen que solo tendrán la atención de sus padres o del profesor si se rinden.

La meta equivocada del poder es la de los niños que creen que necesitan tener el poder para ser llevados en cuenta, entonces siempre crearán disputas con sus padres y profesores. También es muy similar con la venganza.

niño saltando charco

Para Montessori, la mala conducta es una desviación de su normalidad. Ella defendía que el niño normalizado era aquel que lograba realizar su trabajo interior con libertad, sin ser interrumpido por el adulto, que desempeña un papel de guía en este trabajo para que él encuentre a su maestro interior. La mala conducta seria una desviación de esa normalidad, un fenómeno que ocurre cuando el niño no tiene libertad, no tiene un ambiente preparado para su desarrollo, cuando el adulto no desempeña papel de guía y sí de tirano, impidiendo su trabajo interior, aunque con las mejores intenciones.

Similar a las cuatro metas equivocadas de la DP, Maria Montessori hablaba sobre las desviaciones más comunes en el libro “El Niño y el Secreto de la Infancia”: el afecto,  la posesión, el poder,  el complejo de inferioridad, el miedo, las mentiras, reflejos sobre la vida física (capítulos 35 a 41 de la segunda parte). Podéis ver que son muy similares a las cuatro metas de DP, pero Maria Montessori defendía que las desviaciones ocurrían casi siempre como consecuencia de acciones repetidas del adulto. Por ejemplo, en el capitulo  “el poder”:

“El adulto, orgulloso o miserable, siempre es un ser poderoso con relación al niño. Sí, el adulto impedirá al niño que se lave las manos solo, pero le apoyará ciertamente en sus manías de posesión. Pero el niño, después de una primera victoria, buscará otra; y cuanto mas concede el adulto, mas exigente es el niño. El capricho del niño se convierte en el castigo del adulto. El adulto se reconoce culpable diciendo: “he viciado a mi hijo”. No, el adulto no ha viciado a su hijo cuando a sus caprichos, sino cuando le ha impedido vivir.”

Es importante notar que la doctora observaba otra desviación de la normalidad, los reflejos sobre la vida física, es decir, las consecuencias cuando no proporcionamos al niño una alimentación saludable, las horas de sueño adecuadas, el contacto con la naturaleza, la oportunidad de ejecutar ejercicio, algo que la neurociencia ya comprobó que es necesario para aprender. Nuestro cerebro necesita ejercicio físico para desempeñar de manera óptima, y es una tristeza ver como nuestros niños pasan horas y horas sentados en las aulas de la escuela tradicional.

Y aquí volvemos a la pregunta que empezamos este post. Que es la mala conducta? 

Propongo a ti una nueva forma de entender la mala conducta de tu hijo (o de tu alumno, paciente etc). La mala conducta no existe. Lo que existe es un fallo de comunicación entre este niño y tú. Lo que existe son ideas sobre el niño preconcebidas, transmitidas durante siglos. Ideas tiranas y adultistas, que ven el niño como un ser inferior, de segunda categoría, el ciudadano olvidado, aquel que necesitamos domar para que sea “hombre de derecho” (como el gobierno y su pueblo oprimido). La mala conducta es un pedido de socorro. Es una señal de que tu hijo te necesita. Pero te necesita como Adulto, así, con A mayúscula. Aquel que no tiene miedo de humillarse delante del niño, que no tiene miedo de ponerse de rodillas delante de él para mirarle en los ojos, aquel que habla bajo y despacio porque sabe que así será comprendido mejor. El Adulto que sabe como controlarse a sí mismo, que sabe sus carencias, sus dificultades, sus puntos débiles, y que los asume, porque sabe que es un ser humano y no un super héroe. Aquel Adulto que tiene consciencia de que caerá mil veces, pero se levantará mil y una. Aquel Adulto que ve en los ojos de su hijo un compañero, no un competidor. Y también, ¿quién lo iba a decir? , un poco del Niño que fue un día.

 

 

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