Qué hacer cuándo tu hijo te dice: “no quiero hacer esto”.

En Montessori no buscamos la obediencia ciega. Queremos que los niños comprendan porque es necesario hacer determinada cosa, que sean críticos y que piensen por si mismos. Cuando son pequeños, es fácil modelar su comportamiento – por ejemplo, si un niño de 2 años siempre coge las figuritas de porcelana de la abuela para tirarlas al suelo, es fácil cambiarlas para una balda más alta del mueble del salón – pero cuándo llegan a los 5 o 6 años eso cambia. Ellos contestan: “no quiero hacer esto”. ¿Qué hacer entonces?

Quizás quiera que tu hijo comprenda que es necesario cepillar los dientes todos los días antes de dormir, o ducharse, o hacer los deberes… el niño mira a ti y te contesta con una pregunta: “pero por que tengo de hacer esto?”, y por más que lo expliques, él sigue en sus trece. “No quiero hacerlo”, “no estoy de acuerdo que sea necesario” etc.

Es necesario comprender porque ocurre ese comportamiento. Maria Montessori explica que, cuando el niño llega a los 6 años de edad, aproximadamente, entra en el segundo plano de desarrollo. Él sabe andar, hablar, ir al baño solo, cambiarse de ropa, etc. Ya es un individuo autónomo. Ahora desea perfeccionar su pensamiento. Él quiere comprender el mundo, la sociedad y sus reglas. Y por eso cuestiona todo.

El papel del adulto, ahora, es ayudarlo a comprender esas reglas y no a imponerlas. No debemos contestar con “porque te digo yo”, “porque sí” o respuestas similares. Debemos ayudarlo a comprender las razones de porqué le damos determinada orden. Pero a veces no basta con contestarle, en el caso de cepillar los dientes, que “es necesario sino tendrás caries” o darle una lección de odontología básica. Hay que ayudarlo a pensar por si mismo. 

No es tan fácil como parece. Muchas veces necesitamos ser creativos y muy observadores para captar cual es la manera exacta para que el niño llegue a sus conclusiones sin sermonear. El niño de 6 a 12 años es un gran tertuliano, como ya dije, tiene una capacidad de análisis y de discusión que a veces nos saca de quicio, y si tienes un niño con Altas Capacidades o con una inteligencia superior a la media ya puedes prepararte porque la charla será muy larga… 🙂

Maria Montessori decía, en su decálogo del educador Montessori:

“Concentráte en fortalecer y en ayudar al desarrollo de aquello que es bueno en el niño, para que su presencia deje cada vez menos espacio para lo que es malo.”

Intento siempre recordar ese consejo de la doctora con mi hijo (y también lo hacia cuándo trabajaba como asistente), que requiere una gran observación de parte del adulto para identificar que característica positiva del niño es necesaria ser llevada “hacia arriba” para que el malo – lo que no deseamos – desaparezca. La verdad, sigue siendo una forma de modelar al niño como hacíamos cuando él era más joven, pero menos física y más intelectual. Está difícil de comprender? Daré un ejemplo.

Supongamos que tengas un niño que le gusta mucho las ciencias. Le interesa los experimentos, los documentales… pero no le gusta nada la hora de ducharse. Cuando le avisas que ya es la hora, él empieza con “ah, ahora no”, “dáme un minuto más”, “pero por que tengo de ducharme?”. Ya lo has explicado que es por una cuestión de higiene pero aun es algo muy abstracto y no lo convence.

Pues usamos su gran curiosidad a nuestro favor. En otro momento, sin estar apresurados por la hora de ducharse, podemos hacer un experimento sobre las bacterias para que él entienda que ellas existen. Lo mismo para chicos que se rehúsan a cepillarse los dientes. Para este mismo caso podemos pedir a un dentista de nuestra confianza que enseñe a nuestro hijo qué ocurre con los dientes cuándo no cepillamos los dientes todos los días. Recuerda que los niños aprenden viendo, tocando, comprobando por si mismos.

Cuando conocemos a nuestros hijos y sabemos en que ellos son buenos – si son comunicadores natos, si son analíticos, o quizás son físicos, o artistas – podemos utilizar eso a nuestro favor también para educarlos, para que piensen por si mismos y comprendan como el mundo funciona. Un niño puede utilizar las artes para expresarse cómo se siente si pasa por un momento duro en su vida, si es de esos que “no paran ni un minuto” podemos organizar una carrera para aprender matemáticas, y así por delante.

Pero nunca podremos ayudarlos así si no les observamos y no damos oportunidades para que ellos encuentren sus talentos. Por eso es tan importante la observación y el ambiente preparado en Montessori.

¿Y tú, alguna vez te has visto en una situación parecida? ¿Cómo la solucionaste? Si te ha gustado este post y crees que es útil, no dejes de compartirlo en tus redes sociales para que Nuestros Momentos Montessori llegue cada día a más gente y así mejorar la vida de más niños y familias.

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