cómo conseguir que mi hijo me obedezca
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Cómo conseguir que mi hijo me obedezca

La obediencia. Todos los padres quieren que sus hijos sean obedientes. Es una ansia que surge cuando los niños son pequeñitos y parece acompañar por casi toda la vida de nuestros hijos. Y es tan difícil de conseguir de los niños, ¿verdad? Parece ser un problema común a todas (o casi) familias. ¿Cómo conseguir que mi hijo me obedezca siempre?

Recuerdo cuando mi hijo tenía 4 años, estaba en la escuela infantil, y un día la profesora pidió a todas las familias que pintara un dibujo con una frase, que las familias tendrían de escribir: un deseo en relación a su hijo. Luego, esos dibujos serían colgados en el pasillo de la escuela.

Pintamos el nuestro, y el deseo que escribí fue que Izan siguiera siendo el niño feliz y alegre que ya era. Días después, vi los dibujos colgados en el pasillo. Pasé por ellos y leí muchos de los deseos expresados. Me sentí impresionada al darme cuenta de que la gran mayoría de los dibujos expresaban lo mismo: «que … (el nombre del niño) obedezca a la primera«.

Me pregunté qué llevaba madres y padres de niños de 4 años preferir como deseo que sus hijos obedecieran «a la primera» que a su felicidad o su salud. Sentí una inquietud. Cinco años se pasaron. ¿Será que ellos lograron lo que deseaban? ¿Y cómo estarán esos niños?

Porque no es bueno que tu hijo obedezca «a la primera»

Imagínate la escena: «Hijo, haz esto». Y el niño lo hace, inmediatamente, sin rechistar. Que maravilla, no? Ahora otra orden, y otra, y otra más… y él siempre obedeciendo sin decir «ni mu». Ahora, imagina este mismo niño dentro de unos años. En un ambiente de trabajo tóxico. Con un novio, o amigo tóxico. «Fulano, haz esto». Y él lo hace. Porque aprendió que siempre hay que obedecer a la primera.

Estarás pensando: «vaya, Alessandra, tampoco se trata de eso». Ya lo sé que no. Nadie quiere que su hijo sufra acoso laboral o que sea víctima de una pareja maltratadora. Pero muchas veces (yo diría en muchísimas veces), si hablamos con las personas que pasan por esas experiencias terribles, encontramos que en su infancia aprendieron esto: debo obedecer a la primera siempre, es lo que los adultos esperan de mí.

Lo que quieres es que tu hijo haga los deberes cuando les diga que tiene de hacerlos. O poner la mesa. O arreglar su habitación. O no dejar las luces del pasillo encendidas cuando nadie las utiliza. También queremos que nos obedezca cuando le digamos que no beba demasiado, que no tenga malas compañías, que no siga con aquel novio que le manda cómo vestirse.

¿Cómo conseguir que mi hijo me obedezca?

Maria Montessori explica, en su libro «Mente Absorbente», que los niños pasan por tres niveles de la obediencia: en el primer nivel, el niño obedece a veces, cuando su voluntad y la del adulto coinciden. Es en esta etapa que decimos: «este niño solo obedece cuando quiere». El niño no está maduro lo suficiente para desistir de su propria voluntad para atender al adulto. Hay que seguir ofreciéndole un ambiente rico, tener mucha paciencia y darle opciones.

Ya en el segundo nivel de la obediencia, el niño ya tiene madurez suficiente para abrir mano de lo que desea para hacer lo que el adulto desea. Sin embargo, ella tiene conciencia de sus proprias voluntades, y a veces querrá atenderlas. Es ahí que surge el conflicto entre el adulto y el niño, y vendrán los castigos, amenazas, sobornos… esas estrategias pueden funcionar o no. Pero de una cosa, Montessori decía que podríamos estar seguros: esas estrategias impiden que lleguemos al tercer nivel de obediencia.

El tercer nivel de obediencia es la magia Montessori: es cuando el niño decide que quiere obedecer al adulto. Él elige obedecerlo. No obedece por ser obligado, es una elección libre y vivida con placer.

El Adulto Admirable

Pero él no obedecerá a cualquier adulto; solo al Adulto Admirable, aquel que comprende la naturaleza del niño, que le ofrece un ambiente rico de experiencias, que le escucha de forma activa, que no interrumpe cuándo él está trabajando. Es el adulto amoroso y firme a la vez. Que sabe despertar su curiosidad hacia un tema y le estimula a aprender.

Es el adulto que sabe conquistar su confianza y su admiración.

En el caso del niño de 6 a 12 años, es aquel adulto que no se ofende cuando el niño le pregunta sobre su actitud y sí aprovecha la ocasión para enseñarle sobre moral y reglas sociales. Recuerda que en esas edades los niños quieren analizar y entender comportamientos. Hay que hablar con él de una manera gentil, cariñosa, explicando los motivos, con humildad.

Este niño desea un adulto que le explique sobre las cosas de una forma que le motive a seguir aprendiendo, con historias. Que reconozca que a veces comete errores y eso no es el fin del mundo y sí una oportunidad. Que le deje hablar y expresarse, con respeto y dándole poder de decidir.

Es un adulto con quién exista conexión.

Para aprender a ser este adulto, te recomiendo acompañarme en el blog, en el Montessori Live que realizo todos los domingos en Instagram y también a nuestra newsletter. Es un trabajo difícil, sí, pero vale la pena.

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Filed under: Adulto Admirable

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"El secreto de una buena enseñanza es considerar la inteligencia del niño como un campo fértil en el que se pueden sembrar semillas, para crecer bajo el calor de la imaginación en llamas. ". (Maria Montessori)

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