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Personal

El curso escolar llega a su fin

Como todos los años, toca escribir sobre el final del curso, que oficialmente llegó esta semana que acaba de terminar. Pero si soy sincera, creo que el curso escolar terminó aquel 10 de marzo cuando todos los colegios en Madrid se cerraron por el estado de alarma que empezaría dos días después. Este fue, sin duda, el año escolar que nuestros hijos nunca se olvidarán, tampoco nosotros y sus profesores. Pero, por desgracia, por un motivo muy triste: fue el año de la pandemia de la Covid-19.

Atención: se cierran todos los colegios

Fue todo muy raro, ¿verdad? De repente nos anunciaron en la tele que se cerraban los colegios, a principio por 15 días… pensábamos que sería una temporada en casa que hasta venía bien para descansar del ritmo de los madrugones, deberes escolares, extraescolares… recuerdo que Izan hasta me dijo que no quería volver al colegio nunca más. Pero los días fueron pasando, y luego los días se transformaron en semanas, y la semanas, en meses. Tres meses confinados.

Y si al principio un descanso ha venido bien, luego con el pasar de los días los sentimientos fueron cambiando. Sentimos ansiedad por una incertidumbre tremenda, mientras las noticias nos daban los numeros de infectados y de muertos, y relatos de personas que habían perdido sus seres queridos que parecian salidos de un libro de terror, luego los ERTES, el miedo de quedarse sin trabajo… y por supuesto los niños captaron todo eso y sufrieron con nosotros, algunos más, otros menos, pero estoy segura que todos.

Un sistema sin sentido

Fue muy raro como, a pesar de todo lo que estaba ocurriendo, los colegios siguieron enviando tareas. Algunos profesores incluso se han pasado muchísimo y en mi opinión, fue una falta de respecto, con los niños y con las familias. Y a parte de tareas, de clases online, también exámenes, lo que para mí fue lo más absurdo de todos. Una amiga me envió un video de Tik Tok de un adolescente que enseñaba a como engañar en los exámenes on line. Vamos, que si la educación hace años que es una farsa, este año ha logrado ser aun más.

En mi modesta opinión el año debería haberse dado por perdido, sinceramente, y que los niños y las familias (y también los profesores, que sé que muchos han dejado la piel) pudiesen haber pasado la pandemia en paz, dentro de lo que cabe. Porque demasiado teníamos con nuestros familiares enfermos, o que estaban en la linea de frente trabajando, o que perdieron sus trabajos y no saben qué será de sus futuros en los próximos meses. Fue un sin sentido enorme. Y las familias más afortunadas, que no tuvieron muertes y tampoco paro, pero sí trabajaron como locas en este home office de mentira que nos vendieron, tampoco tuvieron más suerte en la gestión de deberes y conferencias y exámenes etc.

En el colegio de mi hijo, el sistema era enviar por email los deberes que habían de cada asignatura, que los chicos realizaban en sus Ipads (a veces tenían de copiar algo, o hacer cálculos en los cuadernos). Hubo clases on line, tutorías de inglés (que apenas comparecían los alumnos y profesores). A veces algún profesor mandaba una tarea bonita, como el experimento de la planta blanca. Pero tocó a los padres y a las madres estar allí, con sus chicos, ayudándolos y dándoles clase. Me gustaría haber ayudado más, pero tenia el tele trabajo, y fue mi marido que más estuvo con Izan. No fueron momentos fáciles. Tengo mis dudas si él aprendió algo, francamente. Por eso creo que era mejor haber dado el año por perdido, habría sido más honesto con todos.

Tres meses sin ver los amigos

Leí este post de Mamá (Contra) Corriente y me sentí muy emocionada. Ella expresa muy bien como nos sentimos como madres esos tres meses, en medio de esa educación a distancia absurda, pero es que también ella tiene razón: los niños quedaron tres meses sin ver sus amigos. Para muchos chicos, los únicos amigos son los del cole, y a veces esos viven muy lejos de nuestras casas. Muchos niños pasaron muy mal por eso. Escribo para familias con niños y niñas de 6 a 12 años, la etapa que los chicos empiezan a sentir necesidad de estar en grupo, e imagino que tú del otro lado de la pantalla sabe de qué me refiero.

A falta de su pandilla, los niños se refugiaron en Youtube y en consolas. Y nosotros, madres y padres que teníamos de trabajar sí o sí con el miedo de engrosar la cola del paro, lo único que pudimos hacer fue entregarles los dispositivos en sus manos. Yo, muchas veces, trabajaba pesando: «por favor, por favor, por favor, que no vea porno, que no hable con un pedófilo, que no haga click en ningún vídeo impropio». Me vi de repente como mi madre cuando mis hermanos y yo salíamos por la noche para bailar. Pero nosotros teníamos 18 años. Mi hijo tiene 9. Y entonces mi madre tenia miedo de un accidente de coche, de drogas… ahora lo que me toca es sentir miedo de un aparato electrónico que yo misma lo compré.

Sin fiesta, sin encuentros, solo la soledad

Fue un año escolar triste. Nosotros, particularmente, estábamos expectantes este año. Izan empezó cuarto de primaria, el año en que su colegio empiezan con el programa Ipad, que no estoy muy de acuerdo pero fue irónico como justo el año en que ellos empiezan a usar el dispositivo en lugar de los libros es cuando viene la pandemia y es el Ipad que les «ayudó» esos tres meses. No fueron solamente deberes, también hubo conferencias en grupo, cuando mi casa se llenaba del sonido de risas de niños. Risas ansiosas por contacto, yo sentía en sus voces.

Todos los años el colegio organiza tres excursiones al largo del curso, y este año solo hubo uno: un paseo virtual por un museo, que solo comparecieron tres chicos. Izan estaba ansioso por hacer el paseo virtual, creo que ansiaba la experiencia vivida en los años anteriores con sus compañeros. Pero se sintió muy triste. «Jo Mami, solo eramos tres, y no había el autocar». Claro. Y tampoco hubo la tercera excursión, la de despedida de curso, la guerra de agua en la finca del colegio. No pudo ser. La despedida del año fue una conferencia entre los chicos con su tutor. Mejor que nada, por supuesto, pero tan frío.

No sabemos que será del próximo curso, como se organizarán, y sinceramente no quiero pensar en eso ahora. Ya tengo la cabeza como un bombo por otros temas – mi familia en Brasil, el país que peor está gestionando la pandemia, y la incertidumbre en relación a nuestros trabajos aquí en casa. Soy una persona que necesita un mínimo de seguridad y esos meses están siendo un desafío personal enorme. Ahora lo que quiero es vivir el verano, aunque estoy consciente que tampoco será el mejor verano de nuestras vidas, pero necesito, tengo de organizar mi cerebro que podemos vivirlo de forma feliz.

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