Como gestionar la rabia y la frustración de los niños

cómo gestionar la rabia y la frustración de los niños

A veces estamos en un lugar público con nuestros hijos y ocurre algo, que le deja con rabia o frustrados. Entran en modo «reptiliano» como decimos en DP, es decir, cuando el córtex prefontal de nuestro cerebro «desaparece» y deja por descubierto el cérebro líbico, el emocional.

En esas situaciones, el niño no puede escuchar o racionalizar. Solo es posible gritar y llorar… es una situación estresante para los niños y sus padres. Pensamos entonces: «que estarán pensando de mí?». Muchas veces nos preocupamos más con la opinión de los demás que en el niño que está sufriendo.

Una história real

Os cuento una historia real que pasó conmigo hace unos años, no me acuerdo si fue poco antes de empezar primero o segundo de primaria. Izan pasó por un ataque de esos en su colegio delante de todo el mundo. Era un día que tendría una reunión para padres y estábamos todos juntos charlando sobre el final de las vacaciones, la compra de material escolar etc. Él estaba jugando con un amigo.

De repente, viene Izan llorando hacia nosotros. Había tenido una discusión con su amigo. El niño quería jugar al juego X e Izan quería el juego Y. No hubo acuerdo. Ninguno de los dos quería cambiar para la opción del otro. Izan tuvo un acceso de llanto muy fuerte, a principio pensé que se había hecho daño pero el amigo me contó sobre la discusión.

Lo que hice fue sentarme en un banco que había cerca, cogerlo y sentarlo sobre mis piernas y abrazarlo. Él estaba muy nervioso, y no estaba en condiciones de escucharme en un primer momento. Solo quería sentirse acompañado. Después de algunos minutos, él ya no lloraba tan fuerte. Validé sus sentimientos diciendo: «entiendo que estás triste con Fulano porque él no quería jugar a Y, tú le echabas mucho de menos y tenías muchas ganas de jugar a Y con él«. La reacción? Pues él volvió a llorar aun más fuerte. Recuerdo que alguien me lo dijo: «así lo único que logras es dejarle más nervioso, no hables sobre el tema, él tiene que olvidar lo que pasó».

Muchas personas piensan así. Cuando un niño llora, le decimos: «no pasa nada, no es para tanto», o sencillamente desviamos su foco de atención hacia otra cosa «para que se olvide» y así deje de llorar. Algo que, con toda sinceridad, estoy totalmente en contra. Y siempre lo estuve, mucho antes de conocer a la Disciplina Positiva, a Maria Montessori o a la crianza con apego. Mucho antes de ser madre, incluso.

Volvamos en el tiempo

Recuerdo, cuando era niña, cuando los adultos fueron tiranos conmigo. Todas las veces que fui tratada como un ser inferior por el sencillo hecho de ser una niña. Y también recuerdo cuando yo misma tenía esos ataques de llanto por rabia, frustración e impotencia. Entonces mi madre gritaba conmigo, y me contestaba con su famosa frase: «quer chorar? vou te dar um motivo para chorar» (quieres llorar?  Pues te daré un motivo para eso). Sabía lo que significaba… su zapatilla contra mi culete, algo que en los años 70 y 80 era muy común (bueno, todavía en algunas familias sigue siendo, por desgracia).

Aprendí que llorar porque me sentía frustrada o impotente significaba, para los adultos, un motivo muy torpe para llorar. Aprendí que no tenía derecho a hacerlo y debería tragarlo, secar mis lágrimas y seguir siendo la niña tan obediente y callada que siempre fui.

Mi suerte es que tenía a mi hermana, ocho años mayor que yo. Tener hermanos mucho mayores en estos casos es un regalo, siempre lo digo. Mucha gente no está de acuerdo conmigo, no sé porque, pero no hay nada como tener hermanos mucho mayores que tú en algunas situaciones.

Mi hermana era quién me cogía en brazos, me acariciaba, me decía bajito «está todo bien, estoy aquí contigo», hasta que pasaba el llanto más fuerte, y luego, una vez recuperada, hablaba conmigo sobre que había ocurrido para dejarme tan mal. A veces me sentía tan, mas tan nerviosa, que necesitaba estar sola por algún tiempo.

Analicemos: primero, ocurrió una determinada situación, que me causó frustración y rabia. Mi madre contestó con: «te voy a dar un motivo para llorar». Resultado: la frustración aumenta.

La reacción también es muy importante. En el caso, mi madre gritaba. Ya mi hermana, esperaba en silencio. Estaba a mi lado, y me permitía gritar todo lo que necesitaba.

Y una vez que ya estaba tranquila, entonces ella me preguntaba si estaba mejor y conversamos. Entonces sí tenía la sensación que todo pasaba.

De vuelta al mi Yo madre

Estoy con mi hijo, sentada en un banco dentro del colegio, él está llorando aun más fuerte porque he dado el primer paso para tranquilizarlo: validé sus sentimientos.

De alguna manera, el niño piensa: «sí, es por eso que me siento tan mal«, pero lo expresa llorando, porque su cuerpo necesita, porque su cerebro todavía está en el estado reptiliano y necesita colocar hacia fuera todo el cortisol que lleva dentro por la rabia y la frustración.

¿Por que tenemos que cohibir al niño y desviar su atención en este momento? ¿Por que nos irrita tanto, como adultos, ver un niño llorando porque necesita hacerlo? ¿De verdad es por que no nos gusta verle sufrir? ¿O es porque estamos preocupados con los demás alrededor?

Es ahí que entra la famosa Humillación de Maria Montessori. La Humillación del Adulto, que ella ya decía:

«La preparación que nuestro método exige del profesor (adulto) es el autoexame, la renuncia a la tiranía. Debe sacar del corazón la ira y el orgullo, hay que saber humillarse y llenarse de caridad. Estas son las disposiciones que su espíritu debe adquirir, la base del equilibrio, el indispensable punto de apoyo para su equilibrio. En esto consiste la preparación interior, el punto de partida y la meta.»

A veces es necesario que uno se humille delante del niño. Y, aquel día que tenía a Izan llorando en mis brazos porque su amigo no quería jugar con él, pasaban por nosotros madres, padres, amiguitos de su clase, todos mirando a nosotros dos con los ojos como platos. Algunos paraban y preguntaban qué pasaba, si había ocurrido algún accidente. Algún padre intentó animar a Izan haciéndole una broma. También hubo un u otro niño que se acercó y le llamó a jugar. Pero Izan no se movía, es más, apretaba mi cuello con sus dos brazos con más fuerza, como pidiéndome por favor que no le dejara.

Entonces comprendí la Humillación de Montessori.

Y también me recordé de la niña que escuchó de su madre «¿quieres un motivo para llorar?»

Dejé a mi hijo llorar todo lo que quiso, dando sonrisas a las personas que nos miraban. Fui educada cuando preguntaban, pero le bajé de mis piernas solo cuando él quiso. Y volví a validar sus sentimientos, le dije que a veces nuestros amigos no quieren jugar a lo que nosotros queremos, pero era muy posible que un otro día él lo aceptaría. Cuándo se levantó fue a jugar con sus amigos como si nada hubiera ocurrido.

No sé y no tengo curiosidad en saber qué pensaron de mí los padres y madres que me han visto aquel día. Yo solo sé que ayudé a mi hijo.

Y por eso te digo, que la próxima vez que tu hijo tenga un ataque de llanto por rabia, o por frustración, recuerda de la humillación de Montessori. Dale tiempo para desahogarse sin prisas. Cuándo esté de verdad tranquilo, podéis hablar sobre lo que pasó. Nunca debemos fingir que no pasa nada, porque pasa. Para él siempre pasa, y es algo mucho más importante que tú, adulto, puedes comprender.

Si tienes alguna duda o algún comentario a hacer sobre ese post que más parece una sesión de psicológo 🙂 , me encantaría leerte y contestarte a medida del posible.

Y si te ha gustado este post y crees que puede interesar a tus amigos, agradezo mucho si lo compartes para que más gente conozca a Nuestros Momentos Montessori. 

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Escrito por

"El secreto de una buena enseñanza es considerar la inteligencia del niño como un campo fértil en el que se pueden sembrar semillas, para crecer bajo el calor de la imaginación en llamas. ". (Maria Montessori)

3 comentarios en “Como gestionar la rabia y la frustración de los niños

  1. Me ha encantado. Mucho. Tenemos tan grabadas esas reacciones automáticas que nos salen solas ¿verdad? Intentar distraerle, hacer bromas.., intentos de ayudar a que se calle. Mi hermano de pequeño siempre decía “déjame, que no he terminado de llorar”.
    Gracias!

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