Porque en Montessori no hay deberes (y porqué la escuela tradicional tampoco debería de tener)

clase montessori taller

Hace unos días, hice un desahogo en Instagram porque estábamos pasando fatal en casa por los deberes escolares y exámenes del colegio. Era una semana muy complicada, con exámenes y deberes a diario. Algunas personas me han dado apoyo a mi publicación, pues somos muchos en el mismo barco. Y es que es muy duro nuestro sistema educativo, en mi opinión, injusto y retrasado. Parece mentira que en 2019 seguimos enseñando a los niños como sus abuelos han aprendido. En Montessori los niños no tienen deberes, tampoco exámenes o notas, y el sistema funciona perfectamente.

La escuela Montessori: sin deberes

En las escuelas Montessori, los niños no están agrupados por año de nacimiento y sí por periodo de desarrollo. Los periodos de desarrollo ocurren de 6 en 6 años, con cúspides tras los tres primeros años. En la mayor parte de las escuelas Montessori, los niños estan divididos en Casa (de 3 a 6 años), Taller I (de 6 a 9 años) y Taller II (de 9 a 12 años). Estoy solo hablando de lo correspondiente a Infantil y Primaria, hay más subdivisiones, pero ahora nos quedamos con esas tres.

El ambiente de Casa suele ser una sala muy grande (o incluso toda una casa), un ambiente preparado, con estanterías, algunas mesas y sillas bajas y mucho espacio en el suelo para que los niños puedan usar las alfombras, si así lo prefieren. Son grupos de alrededor de 30 niños aproximadamente, con dos adultos supervisando, la guía y la asistente.

A partir de la observación, la guía hace sus presentaciones (enseñar como se usa un determinado material) de manera individual a los niños, y tiene tres años para presentar todo el currículo de Casa, que engloba las áreas de lengua, matemáticas, vida práctica, sensorial, música entre otras.

Por que no hay deberes? Porque el material Montessori se queda en el colegio, las familias no tienen de comprarlo. Eso porque hay que saber presentarlo y quién lo sabe es la guía. Los materiales en casa posiblemente no serian bien utilizados y sin la coordinación de la guía no tiene sentido su uso en casa. En casa, la casa es suficiente. El niño debe jugar, aprovechar el tiempo en familia y si es posible estar en contacto con la naturaleza mejor.

Tampoco hay exámenes o notas, la guía y la asistente observan a los niños a diario y apuntan sobre los avances de cada uno. Con base en sus observaciones, podrán después decir a las familias qué han aprendido los niños, en las tutorías.

En Taller, que seria la fase de Primaria, es similar, pero con algunas diferencias. Ahora el grupo es mucho mayor, puede ser más de 40 niños por ambiente, las presentaciones son grupales y los niños también trabajan en grupo. Siguen utilizando materiales, y sin tener deberes escolares para casa.

Los exámenes como entendemos en la escuela tradicional tampoco existen, pero surge algo super interesante: el niño participa de su evaluación. Tiene una tutoría con su guía y los dos hablan sobre lo que fue trabajado más, lo que fue trabajado menos, lo que se ha aprendido y lo que se quedó por aprender. El proprio niño llega a la conclusión, hablando con la guía, cuales son los puntos que tiene de mejorar.

Él es el dueño de su proceso de aprendizaje y lo organiza como desea, con responsabilidad. Es posible incluso tirarse un año sin estudiar Matemáticas, por ejemplo, si el niño prefiere dedicarse más a otra asignatura. Pero después él tendrá de recuperar el tiempo que no ha invertido en matemáticas, de la manera que la guía y él juzgarán mejor.

La escuela tradicional: sí, hay deberes escolares

Ya en la escuela tradicional es todo distinto, los niños están agrupados por año de nacimiento, están en grupos de 28 chicos y chicas (en algunos colegios se segrega por sexo), hay un profesor en Infantil y quizás un ayudante. En Primaria son varios profesores, uno por cada asignatura (a veces puede que un mismo profesor sea responsable por dos o más).

Los chicos deben estar sentados todo el tiempo delante de mesas. El profesor es el sujeto responsable por el aprendizaje, está todo el tiempo explicando y los niños tienen que escucharle. Todos aprenden lo mismo, cuando le toca. Si ha aprendido perfecto, si no ha aprendido, pues…

Puede que existan profesores que estén pendientes de los que no han logrado acompañar pero en nuestra experiencia, esos son los que menos existen.  Y hay los deberes escolares. Y los exámenes. Y las notas.

A veces, los deberes son los ejercicios que los niños no han logrado terminar en clase. Y a veces sí son ejercicios que el profesor estipula que el niño debe hacer en casa. Alegan que es para crear hábito de estudio y desarrollar responsabilidad, pero la realidad es muy distinta. Los niños que saben realizar bien los ejercicios no tienen razón para hacerlos porque ya saben, y los que no saben, en lugar de tener a su profesor en casa para que le enseñe entonces (seria el correcto, verdad?), pues tienen de preguntar a sus padres. Y no es siempre que ellos están capacitados para ayudarles.

En el caso de los exámenes, los profesores alegan que sirven de cara para el futuro, cuando los chicos lleguen a secundaria. Pero un niño de Primaria a veces no tiene la madurez para eso, no sabe organizarse, y otra vez entran los padres. Ellos tienen que ser sus profesores privados para enseñarles técnicas de estudio, inventar juegos para que memoricen, preguntarles mil y una veces preguntas cuyas respuestas olvidarán en dos días.

Y que pasa? Que un padre, o una madre, no son profesores. Llegan del trabajo cansados y son obligados a ponerse a estudiar con su hijo, que es un niño, que está aprendiendo. Y cuando el niño falla, es común que los padres estallen y griten, humillen y castiguen. Ya está, la paz de la familia fue afectada por el colegio. Y no he hablado de cuando uno tiene de dejar de visitar a la familia o a los amigos porque tiene de estudiar para aquel examen que está necesitando nota. No es solo el niño que se queda en casa, los padres también. Y así pierden el único día que pueden estar juntos.

Que hay en ambos que coincida

Tanto el niño que estudió en la escuela Montessori como el que estudió en la escuela tradicional aprenden lo mismo, y pueden encontrarse más tarde en la universidad o en la empresa donde trabajarán de adultos.

La diferencia será que, muy probablemente, el primero aprendió a su ritmo, de una manera más manipulativa y con libertad. Aprendió a ser responsable por sus estudios y a auto evaluarse, se empoderó de sus conocimientos, aprendió que ser curioso es bueno y probablemente siempre será un adulto autodidacta.

El segundo quizás también, pero antes habrá pasado por un camino mucho más duro, estresante, aburrido, un camino donde no se da importancia a la curiosidad y a ser responsable por su proprio estudio y sí a vomitar contenidos, a ser la competencia de su compañero y no su cooperante, a no desarrollar su creatividad para solución de problemas.

Los deberes no enseñan a los niños. Ellos necesitan su tiempo libre para jugar, relajar, hablar con sus padres y hermanos, pasear el fin de semana. Esas sí son oportunidades en que ellos aprenden. Ojalá un día los profesores pregunten a sus alumnos que han aprendido en el fin de semana mientras andaban en bicicleta con sus padres, o preparaban un bizcocho con la abuela, o visitaban a un museo. O quizás que han aprendido mirando el cielo estrellado (bueno, en Madrid es mucho pedir, lo sé 😉 ), observando a un insecto o leyendo un libro.

Foto: Google Imágenes

 

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Escrito por

"El secreto de una buena enseñanza es considerar la inteligencia del niño como un campo fértil en el que se pueden sembrar semillas, para crecer bajo el calor de la imaginación en llamas. ". (Maria Montessori)

3 comentarios en “Porque en Montessori no hay deberes (y porqué la escuela tradicional tampoco debería de tener)

  1. Comparto todo lo que dices, sobre todo la parte en la que la responsabilidad de acompañarles con los deberes pasa a los padres, que no siempre pueden o saben, o que no están, y delegan esa tarea en profesores particulares y abuelos. Lo que más tristeza me da es cómo todos lo asumimos con normalidad, y entramos en un bucle en el que lo primero que preguntamos (o nos dicen) al salir del colegio es qué hay de deberes.

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