¿Por que es tan difícil conectarse con nuestros hijos?

por que nos da miedo conectarse con nuestros hijos

Llevamos dos semanas confinados en casa por el coronavirus. Tuve de salir de las redes sociales, por un tiempo, porque me sentía abrumada. No es solo la cantidad de vídeos, de directos, de publicaciones, de cursos que no paran de ser divulgados, pero también porque no aguantaba más el volumen de publicaciones del estilo: «cómo entretener a tu hijo durante la cuarentena». Ya se han pasado 14 días y todavía no paramos de reclamar por tener a los niños en casa. Y eso me hace pensar, cómo es complicado para algunas personas, conectarse con su hijo. ¿Por que es tan difícil?

Estamos pasando por una pandemia. Un virus que ya ha llevado casi 25 mil muertos en todo el mundo. Es necesario estar en casa para que el virus pase lo más rápido posible, para que los hospitales no se colapsen, porque no es solo que tienen de atender a enfermos del Covid-19 pero también por otras enfermedades y personas que han sufrido cirugías. Pero lo que nos quejamos es de estar en casa y que no aguantamos a los niños. Y ¡dale buscar actividades o lo que sea para que ellos no nos estorben!

La rabieta del adulto

Entiendo que tener un hijo no es lo mismo que tener dos, y que tener dos no es lo mismo que tener tres. Entiendo que tener un hijo con necesidades especiales es algo muy difícil. Entiendo que ser monoparental es también muy difícil. Pero muchas de esas personas que encuentro quejandóse por tener los hijos en casa no son monoparentales, tampoco padres de hijos con necesidades especiales, esos son la minoría.

Lo que sí está pasando es que, de la noche para la mañana, prácticamente, nos han dicho: hay que estar en casa. Y eso no nos gusta. Tenemos nuestro momento rabieta. Sí, los adultos también las tienen. Y, a parte de que no nos gusta ser obligados a estar en casa, en cima tenemos de estar con los niños. Oh, no! Que hicieron muchos madrileños cuando fue decretado que los colegios se cerraban? Llevaron los chicos y chicas a los parques. Era posible ver parques lotados y adultos en terrazas. Parecia que estábamos de puente, no controlando una enfermedad. Hubo una persona que fue entrevistada, de Madrid, diciendo que cuando supo que los colegios se cerraban, metió la familia en el coche y se fue a la playa porque no podía tener los niños en casa.

Y entonces me pregunto: ¿es que los niños son demonios? Son pequeños gremlins, que no se puede dar de comer, de beber o colocar bajo la luz que se transforman en entes malévolos? Es así que vemos a nuestros hijos? Y si son de verdad así, ¿por que creéis que ellos llegaron a ese punto?

La verdad es que no queremos tener a nuestros hijos en casa porque no queremos conectarse con ellos. Y no queremos conectarse con ellos porque, para eso, es necesario conectarse con nosotros mismos. No queremos ver lo que tenemos dentro de nuestras mochilas. Déjala allá, escondida en el armario… no quiero abrir la caja de Pandora. Verdad?

La dificultad en abrir la mochila

Porque abrir la mochila que llevamos cada uno es algo de extremo valor. Abrir esa cremallera, y asomar por ella… da miedo, verdad? Da miedo ver lo que escondemos allí. Da miedo ver que un día también fuimos niños que nuestros padres nos llamaban de rollo. Da miedo ver que no podíamos gritar y saltar porque las niñas bonitas no hacen eso. Da miedo recordar que, cada vez que decías lo que pensabas, algún adulto te pegaba una colleja. Da miedo ver que aquella vez que esperabas a tu mamá, ella no vino. Da miedo ver que aquella vez que esperaba tanto recibir apoyo de tu papá, él te dijo que eras un tonto y se rió de ti. Da miedo recordar que nunca recibiste el cariño de tus padres, solo de tu niñera, y que en cima ella era pagada por eso.

Como nuestras mochilas están cargadas, porque nunca las abrimos, por tener miedo de ver lo que existe allí, pues no nos conectamos. Tratamos a nuestros hijos casi como mascotas, los arreglamos, los alimentamos, los dejamos en la puerta de colegio, y hala, que el profesor le cuide. Vamos al trabajo y después de la jornada, ya con el niño en casa, le gritamos tres cosas porque solo así nos hacen caso. Y así vivimos. Y luego cuando es verano, pues vamos al parque, al pueblo, a la playa, da igual adonde sea, soltamos los niños como quién suelta a los toros en la plaza, y hala, que corran, que trepen, que hagan lo que den la gana, pero que me dejen tomar mi vermut.

Pues amigos, el virus llegó para decirnos que ya no se puede repetir ese padrón. Él nos da un regalo: la oportunidad de rever lo que estamos haciendo y de cambiar las cosas antes que sea tarde. Porque si seguimos así, llegará un momento que será demasiado tarde, y será el momento en que perderemos a nuestros hijos para siempre. Y no será por una pandemia.

La clave está en dejarse ser vulnerable

En lugar de buscar en Internet qué puedes hacer para entretener a tu hijo, busca cómo puedes ayudarte a ti misma/o a conectarte. ¿Por que es tan peligroso abrir tu mochila? ¿Por que te cuesta tanto dar ese paso hacia tu vulnerabilidad? ¿Que miedo tienes? Crees que tu hijo ya no va a respetarte? Crees que tu hijo te verá como débil? Y si te ve como débil, que problema hay? No sería maravilloso que él supiera que somos todos falibles, llenos de defectos, pero que podemos mejorar día tras día? Por que es tan importante para ti mantener esa ira? Por que necesitas seguir siendo un tirano para tu hijo?

En el momento que dejes de tener miedo de conectarte contigo misma, o contigo mismo, podrás dar el paso de conectarse con tu hijo. Y cuando por fin decidas hacerlo, verás que no necesitas que ningún influencer te diga cómo entretener a tu chico. Porque él no necesita nada de eso, solo necesita a ti. Tu compañía, tus historias, tus canciones, tu vida, tu amor. Él solo necesita a ti. Y tú solo necesitas a e´l.

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"El secreto de una buena enseñanza es considerar la inteligencia del niño como un campo fértil en el que se pueden sembrar semillas, para crecer bajo el calor de la imaginación en llamas. ". (Maria Montessori)

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