El cuerpo público

Maria Montessori nos dejó un decálogo de prácticas que todos los guías y asistentes Montessori deben seguir. Pero también son útiles y necesarios para la populación en general. Nuestros Momentos Montessori publicará una serie de esos «diez mandamientos» de Montessori, que no son muy conocidos en la blogsfera. El primero está relacionado con la idea del cuerpo público, la dominación hacia los cuerpos de los niños. Dice:

Nunca toques a un niño a menos que él te invite (de una manera u otra).

Maria Montessori – El Decálogo del Guía Montessori

El cuerpo de los niños es, a día de hoy, en muchos lugares, público. Cuando estamos con nuestro bebé en el supermercado, y una señora se acerca y le toca el moflete, la cabeza, el pie, sin pedirnos permiso. Cuando estamos en una reunión familiar y obligamos a nuestro hijo a dar un beso en el tío o en el abuelo, que él no desea besar. Esos son los ejemplos más clásicos, pero seguro que recordarás más.

Mi cuerpo, mis reglas

Hace algún tiempo que surgió esa frase en las redes sociales: mi cuerpo, mis reglas. Una campaña para proteger los cuerpos de los niños y niñas. Esas últimas son, seguramente, las que más sufren con la idea de cuerpo público, porque son menores y son del sexo feminino, dos condiciones que no son respetadas por la sociedad de una forma general.

No son solo los cuerpos de los niños que son públicos. También son los cuerpos de mujeres, de personas negras, de muchas minorias. Porque es, al fin y al cabo, una relación de dominador y dominado. La lucha de las mujeres, de los negros, de la comunidad LGTBI, también es la lucha de los niños. Todos son grupos dominados y desrespetados.

Por eso Montessori es una filosofía tan revolucionaria. Por eso que siempre digo que Montessori no es solo para niños. Es para niños, adolescentes, adultos, todos.

Debemos entender que el cuerpo del niño – ya que es el sujeto al que me refiero en este texto – es privado. Es suyo. No es público. No es porque ellos son tan bonitos, amables, pequeños, que podemos tocarlos cuando queramos, a nuestro bel placer.

Seguro que a ti no te gustaría si un extraño se acercara y te apretaras los mofletes, acariciara tu cara o tu pelo, o te obligara a darle un beso. ¿Por que obligamos a los niños a hacerlo?

Cuando obligamos a un niño a dar un beso en alguien que no quiere, a una niña subir a las rodillas de alguien que no quiere, lo que estamos diciendóle es: tu cuerpo no es tuyo, es de todos. Y tus deseos de no ser tocado son inútiles porque tú no decides sobre tu cuerpo.

Cuándo podemos tocarlos, entonces?

Es muy sencillo: cuando el niño nos permite hacerlo.

Un niño que permite ser tocado siempre dejará claro que te autoriza a hacerlo. Puede que venga hacia a ti con los brazos abiertos y te apriete en un abrazo inesperado, que se siente a tu lado y cuando menos lo esperas coloca su cabecita sobre tu regazo, o sencillamente te de un beso, sin más.

Los niños son cariñosos por naturaleza, no es necesario pedirles que nos besen o nos abracen. Ellos mismos lo harán por libre y espontanea voluntad, si ellos se sienten cómodos y seguros con nosotros.

En el caso de nuestros hijos, la situación es distinta. Los niños confían en nosotros desde que nacen. Nuestra relación es especial, es parecida con la relación que tenemos con nuestro cónyuge. Podemos abrazar, besar y dar las caricias que queramos a nuestros hijos siempre.

¿Puedo darte un abrazo?

Recuerdo que, cuando trabajaba en una escuela Montessori, no besaba y no abrazaba a los niños, y a veces las madres me miraban de una forma rara, desconfiada. Creo que pensaban: «para trabajar con niños, esta chica no es nada cariñosa». Pero no se trataba de eso. Era respeto.

Cuando ya sentía que entre un determinado niño o niña ya había una cierta confianza, tras meses leyendo cuentos, cantando canciones etc, entonces a veces, dependiendo de la situación, le preguntaba: ¿puedo darte un abrazo? Ellos siempre decían sí. A veces no daba tiempo para hacer la pregunta, ¡ellos mismos se adelantaban!

Todavía hoy tengo esta costumbre, si me presentan a un niño y estamos en aquella situación de «dale un beso a la señora, Fulano», pregunto al pequeño: ¿puedo darte un beso? y si él dice que no, o si no me contesta, no lo beso. Y le digo: «no te besaré, no pasa nada». Para mí lo que importa es que el niño confíe en mí, no que piense que soy una adulta más que hay que besar porque su madre o su padre le ordena.

Es verdad que esas situaciones son más comunes cuando los niños tienen entre 1 a 3 años. Pero, mismo después que ellos crecen, todavía sigue valiendo la regla.

Muchas veces encuentro niños de la edad de mi hijo que sus madres o padres les dicen la famosa frase de «dale un beso…», y ellos lo dan, porque ya llevan años escuchando la orden. No lo hacen por cariño, tampoco por educación: solo por obedecer. Dependiendo de la situación y de las personas con que estás, puedes adelantarte y extender la mano a los chicos, antes de que ellos ofrezcan la cara, así no son obligados a besar. Un aprieto de manos no es tan íntimo cuanto un beso, y puede ser una solución.

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"El secreto de una buena enseñanza es considerar la inteligencia del niño como un campo fértil en el que se pueden sembrar semillas, para crecer bajo el calor de la imaginación en llamas. ". (Maria Montessori)

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