Sé más interesante que un youtuber

Tener un niño de 8 años a veces es difícil. Antes, cuando tenía 2 años, era necesario estar pendiente de que no se hiciera daño a sí mismo. Ahora el peligro es más intelectual. En un mundo en que los niños están más pendientes de youtubers que de sus padres, es necesario ser más interesante que ellos para ayudar a los chicos a formarse a si mismos.

Como padres, debemos enseñar a distinguir el correcto del incorrecto, pero a veces eso no es suficiente. Los youtubers infantiles tienen un apelo que es difícil de resistir. Si tienes un niño con pocos amigos, entonces la dificultad es mayor, porque los youtubers se transforman en los «amigos» de tu hijo.

¿Por que los niños están siempre delante de la tablet?

Una vez me preguntaron: ¿que hacer si mi hijo no sale delante del Ipad? Pero, primero, hay que saber porque el niño está tan atrapado por lo que está viendo en el Ipad. Puede ser que sea porque quiere saber más sobre un tema que le gusta mucho, y no tiene porque ser algo malo de primeras.

Recomiendo que asistas junto de tu hijo lo que él está viendo. A lo mejor son contenidos interesantes, y no es porque está adquiriendo conocimientos por medio una pantalla que tiene de ser malo. El uso de pantallas a partir de los 6 años se puede realizar pero con sentido común.

El problema empieza cuando los contenidos en si no son lo más «enriquecedores» para la miente de un niño, o cuando el uso es de muchas horas y aleja el chico de otras actividades.

Una vez decidí observar a qué contenidos mi hijo de 8 años más consumía. A él le encanta ver vídeos de bromas, de gamers comentando juegos y de niños youtubers. Le explicamos que esos vídeos fomentan valores que no compartimos. También le dijimos que son realizados por adultos que desean likes para ganar dinero en Youtube y no están interesados de verdad en la audiencia. Aun así, él siempre volvía a los mismos canales. Entonces me pregunté por qué él prefería verlos a jugar, pintar o a leer.

El niño, el eterno incomprendido

La respuesta, como siempre, encontré en Montessori. Los niños de 6 a 12 años están muy interesados en las relaciones humanas. Es algo tan fuerte para ellos como las escaleras de la casa de la abuela para un niño de 2 años. Es algo que no pueden evitar. Todo su ser les llama para eso. Y cómo sonreí al leer estas palabras de la doctora:

Pero este ser que se asoma como renacido en este mundo, resulta un poco incómodo para el adulto; por eso, sin una nueva dirección pedagógica, puede entrometerse un sordo conflicto entre el adulto y este nuevo niño. El adulto se cansa y termina por no responder a las innumerables preguntas que le hace, rogándole que se calle, dándole respuestas demasiado largas… o demasiado cortas; en resumidas cuentas, se comporta con él como se comportó con el pequeño cuando comenzaba a caminar y le suplicaba que se quedara tranquilo y no lo dejaba ser turbulento y hacer lo que deseaba siguiendo sus instintos. El mismo malentendido se produce en el plano abstracto. A cada uno de sus nacimientos, el niño debe afrontar una nueva lucha, una nueva incomprensión lo aflige cada vez que emprende una actividad nueva y sin duda preciosa. En cambio, el mismo adulto debería ayudarlo creándole el ambiente apto para su desarrollo. Así como debemos ayudar al niño que da sus primeros pasos, debemos ayudar al chico que comienza a caminar en el mundo de lo abstracto.

Maria Montessori – «De la Infancia a la Adolescencia»

El niño crece, pero sigue siendo un incomprendido y nosotros, los adultos, seguimos cometiendo los mismos errores. Antes le decíamos: «baja ya de ahí que te vas a caer». Ahora le decimos: «calla, que no paras de hablar, no ves que molestas?» Y el niño se calla y buscará a alguien que le escuche. Aunque esté por detrás de una pantalla.

De acuerdo con nuestra experiencia, si llamamos al niño para participar de algo que estamos haciendo en aquel momento (por ejemplo, si estamos preparando la cena), él preferirá eso a estar con el Ipad. La idea es traer el niño al grupo. Esos niños están ávidos por escucharnos y ser escuchados. Al final, lo que tenemos es que dejar el móvil de lado, y estar más presente.

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