La cuarentena llega a su reta final

Este final de semana pudimos salir con los niños, hacer deporte, y hasta algunas personas mayores dieron una vuelta por el barrio, en distintos horarios. La cuarentena llega a la reta final y, si soy sincera, tengo sentimientos muy encontrados.

Si por un lado quiero que acabe ya, que estoy harta de esa incertidumbre, de ver las noticias de personas tan mal, y que este virus pase rápido (a pesar de saber que no pasará), por otro lado no quiero que se acabe. Quiero seguir en casa. Me siento bien en este ritmo slow, de estar con mi marido y mi hijo, sin tener de despertar a las 6 de la mañana corriendo para coger el autobús, el metro lleno de gente, llegar a la oficina cansada, y estar allí 9 horas de mi día haciendo algo que no me gusta solo por el dinero al final del mes, que siquiera es mucho.

Llego a los 52 días de confinamiento. Creo que pasé por todas las fases. Empecé con ganas de comer el mundo, haciendo muchas lives, escribiendo, produciendo… luego venia una caída de ánimos por algunas noticias en la tele, en los periódicos online… Duraba dos dias y luego ya me sentía mejor, y limpiaba la casa a tope, leía libros, hasta hice un ebook para el cumpleblog... y luego otra vez me sentía mal, con miedo, teniendo pesadillas, dificultades para dormir. De las noticias de muerte pasé a las noticias de crisis económica, y muchas personas que conozco han perdido sus trabajos. Otra vez esa sensación horrible de «qué va a pasar» que nadie te contesta. Y la verdad es que prefieres que nadie te conteste, a veces.

La ansiedad del confinamiento

El fantasma del paro llegó a pasar por casa, aunque fue de refilón. Tuve de tomar una decisión que no quería tomar, pero me vi obligada a hacerlo. Más retrasos. Una vez más tuve de desistir de algo para tener el necesario. Todo a las vísperas del Día de la Madre, en cima. Hay que pensar como una adulta responsable por una familia.

Estamos pasando por una época muy difícil, de muchas consecuencias por decisiones que tomaron por nosotros, y que sabemos que no conducirán a un buen puerto pero no podemos hacer nada.

No conseguí hacer nada este puente. Tenía planes de hacer muchas cosas, hasta Izan y mi marido dijeron: «pero tú no ibas a hacer…?», y no me senti con ganas de hacer nada, solo queria estar de cama. Hasta he tomado un tranquilizante, algo que hacia años que no hacía.

No quiero salir

Y por esos últimos acontecimientos tengo más ganas de quedarme en casa, de no salir de mi cueva. Llámame vieja quien quiera. Otro día leí en Twitter una persona que decía que quién se tiraba días enteros en casa sin salir, solo comiendo y durmiendo, es un viejo. Pues mira, lo soy. No quiero salir, estoy bien aquí, me siento protegida, llevo la vida que a mí me gusta, entre mis libros, mi familia y nada más. No preciso de más.

Quiero que la gente pare de quedarse enferma, quiero que las familias vuelvan a reunirse, quiero que las personas que están en paro vuelvan a encontrar trabajo. Pero no quiero volver a la vida frenética de antes, en meterme en un vagón del metro como una sardina, no quiero comer rápido sin sentir el sabor de la comida, no quiero seguir haciendo algo que no me completa ni lo más mínimo solo para enriquecer a mi jefe, en cambio de menos de mil euros.

Quiero que mi hijo vuelva a ver sus amigos, y también a los profesores que le gustan, pero no quiero que él vuelva a entrar en esa máquina de: «despierta temprano-vístete dormido-come una galleta- entra en clase- come el bocadillo corriendo – más clase -recreo largo, come la comida que a ti no te gusta pero tienes de comer – más clase. Y llega a casa, ve a tus padres nerviosos, cena también corriendo, como todo al largo del día».

Tanta gente decía que el coronavírus enseñaría a la humanidad lo que de verdad importa, que íbamos a cambiar, que no seríamos más como éramos antes, que ahora la gente sería más amable y que todo el sistema sería replanteado… ¿de verdad tú lo crees?

No quiero salir de mi cueva. Fueron 52 días duros, sí, pero también bonitos, de risas, de actividad en familia, de estar. No quiero que eso acabe.

Anuncios

Escrito por

"El secreto de una buena enseñanza es considerar la inteligencia del niño como un campo fértil en el que se pueden sembrar semillas, para crecer bajo el calor de la imaginación en llamas. ". (Maria Montessori)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.