Ayudando a tu hijo que no quiere leer

El proceso de aprender a leer puede no ser fácil. A veces, los niños enfrentan muchas dificultades, e incluso ser forzados a leer en el colegio, lo que acaba creando una aversión a la lectura. Hoy te cuento cómo puedes ayudar a tu hijo que no quiere leer.

Para mí, que siempre fui una gran lectora, fue un chasco cuando Izan empezó a tener problemas de lectoescritura. Los problemas que él enfrentó acarrearon en su dificultad para leer y para disfrutar de la lectura.

No entendía porqué eso pasaba, porque siempre leí para Izan, desde bebé, incluso en tres idiomas. Cuándo él tenía 4 años, le llevé a una biblioteca por la primera vez y sacamos su primer carnet. Teníamos un rincón de lectura y libros buenos y bonitos en todas las partes. Pero él no quería leer.

Un poco de nuestra historia

Nada me quita de la cabeza que fue el colegio que le hizo tener chirría a los libros, pues siempre le han exigido mucho que leyera como los demás niños (algunos casi un año mayores que él ya que Izan es de diciembre), contando cuantas palabras leía por minuto y con carreras de lectura. 

Sí, exactamente lo que leíste: carreras de lectura. Los mejores lectores entraban en un ranking, similar al de los ganadores de una carrera de Formula 1, que se colgaba en la pared de la clase, con las fotos de los chicos. Algo similar al cuadro de estrellas que muchos colegios hacen. La época de primero de Primaria fue extremamente dura para nosotros.

Al final utilizamos los servicios de una logopeda privada y es posible que este año Izan sea evaluado para saber si tiene dislexia, pero a día de hoy puedo deciros que él está muchísimo mejor, que lee muy bien. En el cole, nos dicen que él va con un año de retraso en comparación a sus compañeros. Él silabea todavía, pero es respetado. Ahora – por fín! – empieza a pedir libros de regalo como quien pide cromos o juguetes, lo que para mí es una alegría. Se sienta a una silla con un libro bajo el brazo y se poner a leer, algo que por mucho tiempo acredité que no vería.

Espero poder ayudar a más familias que estén pasado por la misma situación. Es una experiencia muy estresante. Muchas veces me dijeron: «no te preocupes, ya leerá», «es su ritmo, luego estará como los demás». Puede que la gente diga esas cosas con las mejores de las intenciones, pero la verdad es que no ayudan en nada.

No ayuda porque, en este momento, lo que tienes es a tu hijo, sufriendo y siendo presionado. Su autoestima cae en picado. Y tú, como madre, o padre, te sientes un inútil. Lo que quieres es que dejen a tu hijo en paz.

Si desconfías de un problema mayor, busca ayuda

A nosotros, personalmente, el colegio no hizo mucho para ayudarnos. Para encontrar la paz que buscábamos, fue necesario «ponerse las pilas». Por eso, cuento hoy en este post lo que hicimos.

Lo primero que aconsejo es: si crees que tu niño/a puede tener alguna dificultad mayor, como dislexia, por ejemplo, busque a un logopeda lo más pronto posible. En el Colegio de Logopedas puedes buscar un profesional cerca de tu casa (en el caso de Madrid). Hablar con uno siempre está bien, al menos para informarse, conocer el trabajo y pedir ayuda.

Aunque tu hijo no tenga dislexia, la ayuda de un logopeda vale oro, os aseguro. Si alguno está leyendo este post te mando mi abrazo y muchas gracias por realizar un labor tan importante.

Ahora comento lo que hicimos en casa, que sé que puede no funcionar para todo el mundo, ya que cada niño es único. Pero quizás te de alguna luz, al menos con la cuestión de la lectura, ya que les exige tanto.

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Visitar la biblioteca

Hacer una visita a la biblioteca «como quién no quiere nada» puede ayudar. Algunas veces decía a Izan: «¿vamos a la biblioteca?» y él decía que no. Entonces le decía: «estoy buscando un libro para mí, y me gustaría que me hicieras compañía. Si luego tú quieres llevarte algo, lo llevamos. Si no, no pasa nada». Y entonces él decidía acompañarme. Una vez allí, me dirigía a la estantería de los libros infantiles de no ficción y decía que buscaba algo para el blog, pero él mismo cogía un libro (a veces dos o tres), se sentaba en el suelo y empezaba a hojear. Era entonces que pensaba: «a él le gustan los libros». Nunca le forcé a nada. Le dejaba a su aire. Hasta que él se levantaba con el libro en las manos y me decía «mami, quiero llevarme este.»

Respeta el gusto de tu hijo

Deja que tu hijo elija el libro que desea leer, y respeta sus gustos, aunque a ti no te gusten. Hubo una época que a Izan solo le gustaban los libros de Disney, que a mí no me van. Lo que quería era que él leyera, entonces cogíamos los de Disney. Y era los que él me pedía para leer todas las noches.

Lee para tu hijo

Es muy importante la lectura en voz alta. Mucha gente deja de hacerlo después que su hijo aprender a leer, y es un error. Leer para tu hijo es algo que nunca debería acabar, ni cuando él tenga 15 años y ya sepa leer perfectamente. Escuchar a alguien que te lee un libro es un placer, es una manera de cariño, de darle atención, de demostrar que es importante. Además, cuando nosotros estamos leyendo a nuestro hijo, también interpretamos, colocamos emoción en la voz, y así él acaba comprendiendo la función de los puntos de interrogación y de exclamación, y surgen preguntas sobre el significado de palabras. Cuando un niño escucha a su madre o a su padre leyendo, no está solo pendiente de la historia en si pero cómo lo hace, y eso es una experiencia que queda grabado en la memoria. A veces me pillo a mí misma leyendo a Izan como mi hermana leía para mi.

Enséñale libros bonitos

En ocasiones le presentaba los libros que me gustaban, pero sin forzarle a leer, solo cómo quién enseña algo que es muy valioso a alguien. «Mira que bonito este libro», le decía. Y él lo miraba, a veces también le gustaba, a veces no. Es importante ser muy discreto.  Después, tú guardas el libro en su estantería y olvídalo. Cuando menos te lo esperas, pillarás tu niño o tu niña con el libro en manos. Es un momento mágico.

Leer para el animal de compañía

Si tienes un perro o un gato, pide al niño que lea para él. Los animales no juzgan y así el niño se sentirá más cómodo y seguro para leer, sabe que nadie le estará corrigiendo.

Izan llegó a hacerlo con Pancho algunas veces, era muy bonito de ver. Acaba volviéndose un incentivo para el niño. ¿Sabías que existen perros de terapia que hacen ese trabajo en colegios? 

También se puede hacer lo mismo si tienes un bebé. El hermano mayor puede leer al pequeño, algo que ayuda en crear vínculos, también. Montessori comprobó el éxito de mezclar niños de edades distintas en un mismo ambiente. Si tienes la suerte de tener más hijos, aprovecha en su favor. 

Ofrézcale libros a su nivel de lectura

Ofrezca libros proprios para su nivel de lectura, aunque sean indicadas para niños mucho más jóvenes. Este fue un consejo de su logopeda y es verdad que es mucho mejor dar un libro con pocas frases y palabras fáciles que otro con periodos largos y gran vocabulario, aunque sean los indicados para su edad. Izan llevó un buen rato leyendo libros para niños de 2 o 3 años cuando tenía 6 o 7 años. Hoy tiene casi 8 y ya lee la serie azul de la colección Barco a Vapor. Todo llega.

Enséñale los cómics

No podemos tener prejuicios contra los cómics. Son literatura tanto cuanto los libros, y ayudan muchísimo a los niños que no quieren leer. Al ser una lectura fácil, con humor, con muchos dibujos, con temas que a todos los niños les gusta, y al tener un ritmo similar a los dibujos animados, llama muchísimo la atención y son la mejor ayuda para los primeros lectores.

Aquí somos fans del Superpatata (muchísimas gracias Pekeleke !)del Capitán Calzoncillos, que es una mezcla de novela con cómic y tiene un humor genial. Es importante recordar que su autor, Dav Pilkey, fue un niño que sufrió mucho en el colegio porque era disléxico y tenía TDAH y su refugio eran los cómics que dibujaba cuando estaba de castigo. Dav sabe exactamente cómo dirigirse a esos niños, tengo mucho que agradecerle.

Utilice los juegos de mesa

Mi prima me comentó una vez que su hijo empezó a leer con más soltura cuando descubrió el Monopoly. Y así que también probamos con el mismo juego con Izan. Y sí, ayudó muchísimo, ya que el jugador tiene que leer las tarjetas de la suerte y los nombres de los inmuebles que tiene de comprar.

Si no te gusta el Monopoly, hay otras opciones en el mercado. Mi marido recordó uno de su infancia que a Izan le chifló, En Busca del Imperio Cobra, que también utiliza tarjetas. Sugiero ambos, pero acredito que encontrarás más en blogs especializados de juegos de mesa.

Respira y relaja

Y mi último consejo es… respira, relaja, juega con tu hijo, todo vendrá. Sí, sé que dije al principio que cuando me decían algo así me sentía muy nerviosa. Si embargo, es verdad que si estamos tensas, angustiadas, si nos enfadamos y discutimos con todo el mundo, no servirá de nada.

No doy el viejo consejo «si tú lees, ellos leen», porque lo odio, y no estoy de acuerdo con él 100%. ¡Cuantas veces me senté delante de Izan leyendo libros, y él no hizo caso! Por otro lado, sí que ha servido para que me relajara con la lectura. Hasta bajé el uso de redes sociales y pasé a escribir más en el blog. A lo mejor es por eso que siempre te dan ese consejo. 🙂

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Escrito por

"El secreto de una buena enseñanza es considerar la inteligencia del niño como un campo fértil en el que se pueden sembrar semillas, para crecer bajo el calor de la imaginación en llamas. ". (Maria Montessori)

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