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Adulto Admirable

La libertad en Montessori

La libertad en Montessori no es "hacer lo que el niño quiere", es permitirle que sea quién él ha venido ser.

El tema de la libertad en Montessori es uno de los más polémicos y peor interpretados. Y también es uno de lo más importantes. Porque, cuando privamos la libertad a un niño, repetimos lo que la sociedad lleva haciendo hace siglos: privar la libertad del ser humano.

Leyendo así puede parecer demasiado fuerte, exagerado o dramático. Pero así lo es. Todos oprimimos los niños, de una manera o de otra. Hay de estar muy atento para no caer en ello. Es difícil, porque fuimos y seguimos siendo oprimidos también. De ahí que es un tema tan importante en Montessori.

Cuando observo un niño «comportándose mal» o cuando alguien me cuenta alguna anédocta con su hijo, o con algún niño que conoce, muchas veces verifico que se trata de ausencia de libertad del niño en cuestión. Si hubiera libertad, nada de eso habría ocurrido. ¡Pero es tan difícil para los adultos entender la libertad para un niño!

Pensamos que dar libertad a un niño es «dejarle hacer lo que quiera». No, no es nada de eso. Eso es libertinaje. Y la libertinaje aprisiona el niño, no lo liberta.

Una vez, Maria Montessori había acabado de dar una ponencia y una madre se acercó a ella para pedirle un consejo. Le contó que su hijo tenía la costumbre de saltar sobre el sofá. Ella le preguntó: «que hago, señora Montessori? Le dejo saltar sobre el sofá?» Ella pensaba que, así, estaría dando libertad a su hijo. La respuesta de Montessori fue tajante: «por supuesto que no, bájalo de allí inmediatamente!»

No sabemos dar libertad al niño

No sabemos dar libertad. Oscilamos entre la permisividad y la autoridad. Y así, los niños crecen, confusos, inseguros, o sintiendo rabia hacia nosotros y deseando vengarse lo cuanto sea posible.

En lugar de procurar conocer a nuestros hijos, lo que hacemos es colocar etiquetas: es malo, es vago, es cabezona, solo quiere desafiarme, es un insoportable. ¿Te suena?

Si nos mudamos de casa, no explicamos con antelación al niño, no le hacemos participar del proceso, no le preparamos para lo que viene. Y luego no entendemos porque tienen tantas rabietas.

Si tenemos un nuevo bebé, no dejamos que el mayor participe, que coja su hermano, que esté presente a la hora del baño, que aprenda a cambiarle, que juegue con él (de una manera apropriada para un bebé, por supuesto). Y luego decimos «es que tiene muchos celos».

Si el niño quiere pintar, tiene de pedir permiso a sus padres porque sus materiales están guardados en un armario muy alto, fuera de su alcance. No va a ser que ensucie los muebles, verdad? Da igual si tiene 2 años o 7.

Si el niño empieza a hacer los deberes, pero se frustra porque no sabe hacerlos (quizás no está preparado para lo que está aprendiendo, quizás la manera de enseñar de su profesor no es la adecuada para él), decimos que él es un vago y que acabará siendo basurero de mayor.

Si el niño intenta cortar un filete con sus cubiertos, el adulto le dice «quita», y le toma los cubiertos de sus manos para cortárselo él mismo. Luego el niño nunca cortará el filete y escuchará – muchas veces del mismo adulto que le había cortado antes – que es un cómodo.

Precisamos parar de pensar que los niños son seres inútiles. Son personas, como nosotros. Más bajos, menos fuertes, con un desarrollo cognitivo todavía en formación, sí, pero son personas.

Cómo ofrecer la libertad en Montessori

Primero, observa el niño. ¿Qué ocurre en su relación con el adulto?

En relación al adulto, puede ocurrir tres situaciones:

  1. El adulto actúa de manera imprevisible: a los niños no les gusta nada romper con la rutina, especialmente los más pequeños, que están dentro del periodo sensible del orden. No me refiero solo a cambios ambientales, también cambios de comportamiento nuestros pueden afectarles mucho.
  2. El adulto no atiende a las necesidades del niño, lo que hace con que el niño se sienta muy dolido
  3. Falla la comunicación entre las partes, y el adulto solo habla con el niño para darle órdenes: no hagas eso, sal de ahí ya… intenta observar cuantas veces dices «no» a tu hijo, cuantas veces le ordena y cuantas dialoga con él.

Ya en relación al ambiente, pueden ocurrir dos situaciones: o el niño no tiene acceso (está demasiado alto, trancado, prohibido de usar), lo que frustra el niño; o entonces el ambiente es accesible, pero el adulto no le enseñó a utilizar lo que existe allí, con atención y paciencia.

También aconsejo que conozcas la naturaleza de los niños. En el caso de los chicos de 6 a 12 años, puedes aprender sobre sus períodos sensibles, especialmente el más fuerte de ellos: el desarrollo de la moral y el sentimiento de justicia. Aprender sobre tus hijos te ayudará a saber qué esperar de ellos y porqué actúan de la manera que actúan.

Una vez que logramos ver nuestros niños como personas que son, con sus características, necesidades, entonces viene la libertad. Y con a libertad, viene una mejor relación en familia. Pero lo más bonito: verás a tu hijo o a tu hija como un ser maravilloso que es.

Y entonces nunca más verás a los niños como los veías antes. Tendrás despertado como Adulto. Y podrás también luchar por la liberación de la infancia.

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